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UN PASEO OTOÑAL

Estaban los dos sentados en un banco y miraban a la gente que paseaba por el parque, como una pareja normal, con una vida normal. El otoño ya se hizo su presencia, había hojas por todas partes y hacía ya fresco. Él apretó de nuevo el mando que tenía en el bolsillo y  miraba como ella  contraía los músculos de la cara intentando no moverse y disimular la vibración y la excitación que le producía el juguete metido en su coño.

—Nena, ¿cuándo es mi cumpleaños? —preguntó él  apretando de nuevo el botón del cacharro.

—El, el 23 de abril, Amo —le contestó ella , con una voz temblorosa, como si tuviera miedo a hablar.

—Vale, te mereces un descanso  —decidió él y el juguete paró de moverse dentro de ella. Al instante, su cara y su cuerpo se relajó, y le dio enseguida las gracias.

—La tortura es necesaria, nena, aquí mando yo, y tú lo necesitas, ¿verdad?

—Si, Amo  —reconoció ella, con la cabeza agachada y las mejillas rojas.

—¡Dame tu bufanda y tu gorro! —le ordenó él de repente.

Los ojos de ella se hicieron grandes, no entendía porqué esta orden, pero le obedeció al instante sin pensarlo.

—Te vas a quedar exactamente donde estás, exactamente como estás, hasta que yo vuelva… si vuelvo, obviamente —Dijo él con sarcasmo.

Se levantó le besó en la frente y sin más se fue dejándola sola con el juguete dentro y con muchas preguntas: ¿por qué se fue? ¿cuándo volverá? ¿qué juego era esto? ¿qué hacer con el juguete? etc. Pero no se atrevía a moverse a pesar de la inquietud que sentía, el hormigueo, la incertidumbre… Su teléfono suena y ella lo coge con prisa, y cuando escucha el orden de su Amo, casi grita de rabia. Su Amo le dejaba saber que no iba a volver, y que irá Rebeca a recogerla, que ella tiene que obedecer todas las ordenes de Rebe, sin rechistar.

—Soy yo, mediante ella —decia su Amo—, quédate donde estás, me da igual cuanto tiempo tengas que esperar, ¿has entendido zorra?

—Si  Amo —le contestó ella—,  aunque la odio, Rebecca es una mala persona.

—Le vas a comer el coño, ¿has entendido, guarra? Tu opinión no nos interesa.

Al oír esto, un calor increíble se expandió por todo su cuerpo y se dio cuenta de que estaba mojada, excitada.

—Si, perra, así me gusta, este silencio tuyo habla por si solo. ¡Pórtate bien!

Su Amo cuelga él teléfono y ella se queda en el banco, tomando aire fresco, mientras su cuerpo y su mente están en llamas.

CONTINUARÁ….

 

Autora: eva, señorita OAceptar

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