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PRESENTACIÓN EN SOCIEDAD DE LA PERRITA

Hacía calor en el salón, aunque la sala era grande y el techo alto. Su Amo la colocó delante de la chimenea, tumbada en el suelo, boca abajo, completamente desnuda. Sus muñecas y sus pies estaban atadas a dos barras unidas entre sí con varios ganchos, formando un cuadrado perfecto. Tenía el pelo ligeramente recogido y una mordaza en la boca. El frío del suelo le refrescaba un poco, pero las mejillas las tenía rojas por el calor que desprendía el fuego que le daba directamente en la cara y la frente.

Así la encontraron los invitados, que la ignoraban por completo, saludando a su Amo y hablando entre ellos como si de un encuentro entre antiguos compañeros de instituto se tratase. Risas, bromas, abrazos, mientras que la montaña rusa de sentimientos y sensaciones que ella sentía le poseían por completo, de no estar  tumbada se habría desmayado de tantas emociones: frío y calor, vergüenza y orgullo, excitación y obediencia, todo junto, todo mezclado. Su pulso está inquieto, pero desde lo lejos su Amo la controlaba, ella se acordó de su consejo y empezó a respirar hondo, despacio. Debajo de su barbilla se había formado un charco de babas por tener la mordaza.

—Felicidades, Arturo, se ve bien la yegua tuya. ¿Nos lo presentas? —preguntó una voz joven y todos pararon de hablar.

—Anabel —ordenó su Amo— preséntate como te enseñé.

Ella levantó las nalgas y la cabeza todo lo que las barras le permitían. La imagen era impresionante su culo estaba expuesto, perfectamente ovalado y la espalda arqueada con la cabeza recta, las babas caían de su garganta por el cuello y el pecho, las llamas le daban un color casi miel a su piel.

—Mmmm… —comentó el joven— buena hembra, si ,si.

—Bueno, bueno, vamos a ver si también resiste bien a las pruebas físicas, esta grupa promete, pero nunca se sabe —contesta otra voz mucho más seria y áspera, su vocabulario es humillante, cruel. —¿Puedo Arturo? —le escucha preguntar a su Amo, y él accede encantado.

—Adelante, César.

Unas manos frías, duras, empiezan a tocarle la piel, las nalgas, lo abren, lo estudian y por último le daba un azote fuerte con la mano en toda la cara.

—Encantado de conocerte, perra, me llamo Señor C. para ti.

Ella aprueba con la cabeza, su mejilla derecha está roja por el impacto anterior, sus ojos están llenos de lágrimas, le ha dolido mucho.

—No te preocupes, puedo ser mucho más cruel —le dice el amigo de su Amo y ella baja la cabeza, y por orden de su Amo se tumba de nuevo por completo en el suelo.

—Vamos César, tiene que llegar ELLA. Tomemos algo hasta su llegada —dice su Amo y el ruido de las conversaciones empiezan de nuevo como si nada hubiera pasado. La respiración de ella también vuelve poco a poco a la normalidad.

 

CONTINUARÁ…

 

Autora: eva, Señorita O

Ilustración: Sergio Bleda

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