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FEMDOM NO ES NI SERÁ MALESUM

Hace años que vengo siguiendo blogs y páginas Femdom y están en su gran mayoría compuestos de textos e imágenes centrados en el dolor, el castigo o la humillación de los sumisos al ser flagelados, sometidos a castidad, sissificados o sodomizados. Lo que más me llama la atención no son las propias imágenes o fantasías sino que las mismas sólo describen situaciones desde la óptica y la posición del sumiso. No es que me parezca criticable sino todo lo contrario, es una visión conmovedora y altamente romántica. Pero del orgasmo y el placer de las supuestas domadoras ni se habla. Es como si no existiera o se lo da por sobreentendido. Y Yo entiendo que la dominación femenina persigue como fin principal el goce de la mujer de acuerdo a sus propios deseos.

 

   En una columna anterior titulada Brindo por tu orgullo sumiso mencioné que las fantasías y deseos de un sumiso enamorado suelen ser objetados o cuestionados por muchas expertas de «femdom de manual». Te invito a releer esa columna. En aquel momento escribí:  «Una mujer inteligente no debería descartar ninguna fantasía de sumisión por disparatada que le parezca si cree firmemente que está impulsada por un genuino sentimiento amoroso sino que puede aprovecharla para llevar a ese hombre hacia la sumisión para luego profundizar juntos un camino  que aumentará sensiblemente la comunicación y el romance.»

 

   Pero lo que vemos en este tipo de blogs y páginas Femdoms les daría la razón a aquellas críticas porque resulta que la atención y la acción están totalmente centradas en el hombre sumiso. La Dominante suele aparecer relegada a ser la mano castigadora o ejecutora de fantasías y fetiches masculinos. Esta situación es la que yo llamo malesum
   Pareciera que muchas mujeres necesitaran escudarse en la aplicación de técnicas, en la acción física de castigo o en la restricción del movimiento o del orgasmo (a través de mecanismos de castidad) para imponer su poder sobre el sumiso y este es uno de los peores errores que podemos cometer porque estamos reproduciendo la trampa de la técnica, ese concepto del BDSM típicamente masculino que enfatiza el poder en la acción sometedora, que implica desde su génesis todo un sistema de control y consenso para evitar daños y que pone en el sumiso la última palabra con respecto al poder que tenemos sobre ellos. Si lo que importa es el azote, podremos azotar hasta que él diga basta. Si lo que importa es nuestro goce orgásmico, en ese terreno las mujeres sádicas y sensuales no tenemos límites.
   El desvío mayor ocurre a mi juicio cuando sumisos cortejan a sus futuras dominadoras y a través de sus acciones son aceptados en virtud de cierta meritocracia sumisa que lo ha hecho acreedor de un collar como si se tratara de una carrera para obtener un ascenso.  Es decir, esta visión puede concluir en el contrasentido de que el sumiso sea el sujeto, el motor de las ideas y las acciones y su Dómina se reduzca a una simple jueza de sus méritos, que otorga puntos o los resta según su desempeño.

¿Somos Dóminas para sólo ser manos ejecutoras de fantasías ajenas? Si estamos seguras de pulsar las cuerdas sumisas correctamente cuando ejecutamos la melodía… ¿estamos tan seguras que es nuestra melodía? ¿No estaremos ejecutando una música ajena y extraña? Me gusta el concepto filarmónico del Femdom como expresión de la armonía sexual suprema entre hombres y mujeres. En mi Reino, el sumiso es a lo sumo el concertino, un afinado primer violín, un virtuoso cuyo nombre nunca puede estar por encima de la gran directora de orquesta. Porque es Ella y solo Ella la que le da sentido y razón a todos los instrumentos de la maravillosa música del sexo que él tanto disfruta cuando vive a los pies de la Diosa que tanto ama.

 

Autora: Mistress Roxy

Ilustración: Sergio Bleda

 

 

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