RINCONES EN LA CARNE: La trilogía poética de BraXter CAiN
BraXteR CAiN estuvo veinte años dentro de la escena BDSM, practicando o ligado a ella de forma directa. Hace diez que se retiró. Rincones en la carne es lo que queda de todo aquello: una trilogía poética escrita desde la carne, sin eufemismos, que cierra ese círculo.
El primer volumen, «Eyaculación y protesta», ya está publicado. No es un poemario al uso: cuero, deseo, rabia y una lengua afilada. Dominación, entrega, culpa, placer, herida y una forma de amor que no busca parecer limpia. Aquí el deseo no se maquilla: se ata, se muerde, se contradice y habla.
La edición incluye ilustraciones de CoaX, hechas a partir de fotografías que TENTESION tomó en performances reales de BraXteR CAiN y anitch.
«No esperéis flores
si no son flores muertas.»
Los poemas también suenan. Parte de la trilogía se ha convertido en canciones, reunidas en el disco «Música Trilogía Rincones en la carne» (Spotify), y en videoclips en YouTube. Los otros dos volúmenes, «Manifiesto prohibido de lo prohibido» e «Hijas del fuego», irán saliendo en los próximos meses.
«Eyaculación y protesta» está disponible en la biblioteca de The CAiN’s House
Poesía BDSM para lectores adultos. Sin concesiones. Sin disculpas. Escucha los poemas recitados aquí.
Remix de 15 minutos inspirado en Rincones en la Carne. Cuatro canciones se entrelazan en un viaje que combina poesía provocadora con ritmos electrizantes de electroclash, synthpop y electrónica, todo acompañado de visuales audaces con historietas de la legendaria Betty Boop.
RINCONES EN LA CARNE
Pequeños placeres silenciados
callan, pero no les basta,
la luna y el mundo parecen gritar.
Llegas vestida de heroína
dispuesta a pellizcar mi desnudez
intercambiando prendas de sitio.
Pequeños rincones en la carne
ocultan letras desconocidas,
flores pez y profecías.
Sigo todo tu camino
mientras pierdes la conciencia
de mi imagen aún redescubriéndote.
Pequeño encanto vivo,
que marchas con vida
y a lo peor muerte.
Me desarrollo en tus prisas rambla abajo
a través de ojos que privan mis dedos,
que castran mis manos, que silencian mi voz.
Podría sangrar la luna
y no merecería mi auxilio.
Aún mi afán nocturno
y lo estúpido en mí.
Podría sangrar mi mundo
y no me arrancaría de tu sed.
Para el pesar de su estupidez
en su cumbre más odiosa.
Sin embargo, callo,
tal vez para siempre
o al punto en que den las siete
y aparezca un nuevo pecado capital.
No te preocupes si cuando vuelva
tu olor ha conquistado mi habitación,
yo mismo sumergiré tu rojo en agua y aceite
para que pueda ocupar mi cajón.
Por ti, y solo por ti,
toda mi caja de sorpresas.
Silenciado
le dejo todo a Dios.
Tal vez algún día
vuelva a gritar victoria
y tú estés suficientemente cerca
para rellenar de nuevo mi boca
con tu carne y sus rincones.