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PILLION

Pillion es una película de 2025, estrenada en 2026 en España, y es la primera película escrita y dirigida por Harry Lighton. Estrenada en Cannes, tiene un buen número de nominaciones y premios en prestigiosos festivales internacionales. Se tiene que remarcar, además, que es de la productora A24, cosa que no es menor. Esta productora nos tiene acostumbrados a películas de temáticas poco manidas y una calidad excepcional. ¿De qué va? Muy resumido, Ray es un motero amargado que adopta como esclavo a Collin, un muchacho que busca pareja. Ray no es lo que en principio aparenta (o sí), y la relación se vuelve un poco truculenta.

Fuimos al preestreno un nutrido grupo de hombres encuerados. Es algo que se está haciendo por todo el mundo, forrarte de cuero e ir a ver la película. Hay muy pocas ocasiones, por no decir ninguna, en que se estrene en un cine comercial una película supuestamente fetichista o BDSM, y menos si es gay. Así que a pesar de la lluvia allí fuimos, para sorpresa del resto de asistentes (la sala estaba llena, y había también público no fetichista y hetero). Es interesante remarcar que la gran mayoría íbamos de cuero, pero no de moteros. Hay pocos moteros gays, y menos que se identifiquen con lo que pasa en esta película. El director ha afirmado en medios: «En ‘Pillion’ quería mostrar el tipo de sexo de estos hombres y que el público decida si es desagradable». Querido Harry, este es el sexo que “estos hombres” practican en las pelis porno. Me gustaría saber cómo te has documentado (o el autor del libro, que no he leído) para llegar a esta conclusión tan generalista.

Así que, como Amo BDSM con muchos años de experiencia, y como ex-motero (también con muchos años de experiencia), no me puedo resistir a hablar de lo que vi en la pantalla. ¿Es Pillion fetichista o BDSM? En el tráiler lo parece, y es lo que han vendido en la campaña publicitaria, lo que ha hecho que haya atraído a mucho público. Al salir, los comentarios eran de todo tipo, y es que quizá (¿quizá?) la gente tiene conceptos equivocados en su cabeza, o quizá es que lo que cuentan, y cómo lo cuentan, tiene algunos elementos dignos de ser comentados. Vamos con ello.

 

 

Esto no es una crítica cinematográfica, es mi opinión sobre lo que nos cuenta la película. A partir de aquí va a haber muchos spoilers. Si no has visto la película, deja este artículo, ve a verla y luego vuelves. Es mejor verla sin condicionantes en la cabeza; la vas a disfrutar mucho más.

Sobre todo y ante todo, Pillion no es un documental, es ficción. Y como toda ficción, cuenta una historia que tiene que enganchar a la audiencia, por encima de contar realidades. Con Pillion creíamos que nos había llegado nuestras 50 sombras de Grey. Por fin una película que habla de BDSM gay y la evolución de una relación en este contexto. Sin embargo, aunque tiene muchos parecidos también hay grandes diferencias. 50 sombras es una película romántica dirigida a mujeres, porque, supuestamente, a las mujeres les gusta el romance (interrogación, interrogación, exclamación, exclamación), y Pillion también, porque a los gays también les gusta el amor. Que se lo digan a todas esas personas que buscan su media naranja en Grindr y en cuartos oscuros.

El parecido es de fondo. Una persona se enamora perdidamente de otra por la relación de poder que representa, pero esta persona no es como esperaba, aunque piensa que no importa, porque el amor lo puede cambiar todo.

La forma, sin embargo, tiene diferencias importantes. En 50 sombras los dos protagonistas son guapos. Para que una novela rosa funcione, tiene que ser así. Pero en Pillion no. Todos conocemos la regla no escrita de que podemos ligar con alguien que está un 10% más o menos bueno que nosotros. Colin es feo, viste mal, canta con voz de mujer, es tímido y vive con sus padres; lo tiene todo en contra para ligar con alguien “interesante”. A pesar de todo esto, en los 10 primeros minutos de la película, y sin ninguna justificación por parte de los guionistas, es escogido por un dios nórdico, alguien por el que todos mataríamos solo porque nos mirara y que por definición no está al alcance de un chico como él. Esta es una fantasía muy recurrente, y es que Pillion no es una novela rosa, es una novela sobre morbo. Así que ya tenemos nuestra primera dosis servida. Es decir, el director conoce al público objetivo y le da (mucho) de lo que está esperando. Pero entre morbo y fetichismo, y no digamos BDSM, hay abismos insondables de diferencias. Y aquí empiezan los problemas. Otro punto en común entre ambas ficciones es que el Amo es Amo porque tiene un trauma. Y esto es, con diferencia, lo peor de ambas historias. Tanto 50 sombras como Pillion parten de la base de que un Amo es un zumbado, que tiene que ser un zumbado, porque si no, ¿por qué eres Amo? No puede haber otro motivo. Lo peor es que no es exclusivo de estas dos. Todas las ficciones que hablan de Amos o de personas que les gusta el sexo (acordaos de Shame, en la que Fassbender en su peor momento, como manifestación de haber caído en el fondo de un pozo, se mete en un cuarto oscuro), parten de que si te gusta el sexo, no digamos si habitas las disidencias, es porque tienes problemas. En 50 sombras, el trauma es curado por el amor. En Pillion había dos opciones para el final: copiar la idea, o rechazar la idea. Sin embargo, cuando te das cuenta de que Pillion tiene otra diferencia sustancial con 50 sombras, te das cuenta de que solo podía haber un final posible. 50 sombras es la historia de dos personas, Anastasia y Christian, pero Pillion es la historia de solo una: Colin.

Como en toda narrativa clásica, el viaje del héroe pasa por unas etapas rígidas y estructuradas, lo que hace que todo lo que va pasando sea bastante previsible: Los dos mundos, el conflicto, la entrada en el círculo mágico, el momento de euforia, la ruptura… También, se compone de contrastes exagerados y evidentes.

Todas las historias que nos gustan tienen grandes contrastes. Don Quijote y Sancho Panza, Harry Potter y su primo (lo siento, tenía que poner este ejemplo), Darth Vader y Luke Skywalker. El contraste es lo que nos permite poner en valor las motivaciones de los personajes y así poder empatizar con ellos. La historia es la de Colin, pero quien nos llama la atención todo el rato es Ray. Ray está buenísimo. Punto. Y está como una cabra. También punto. Aunque nunca nos cuentan por qué directamente, el director se toma muchas molestias para que veamos que tiene tatuado en el pecho tres nombres de mujer, y siempre lleva colgado al cuello un anillo de casado. Ya tenemos el trauma servido, y por eso anda con tíos. Ray ni siquiera es gay. En el mejor de los casos es bisexual, en el peor, sociópata (que no sepa ni freírse un huevo da algunas pistas de por qué ya no está con ellas). Y por eso tiene un trauma tremendo y al director le parece una estupenda idea perpetuar el estereotipo de que si tienes problemas mentales pues lo mejor es meterse a Amo. Por otro lado, Alexander Skarsgård declaró que estaba preocupado porque tenía la responsabilidad de interpretar a un gay cuando él es hetero, y que lo había hecho desde todo el respeto. Alex, cariño, no se puede interpretar bien o mal a un gay, porque “un gay” no existe. No hay una manera buena o una mala de parecer gay. Cada gay es un mundo, básicamente porque cada gay es una persona. Lo que no me gusta no es tu interpretación de gay, lo que no soporto es la definición que nos haces de lo que es un Amo (aunque esto no es culpa tuya). Pero de esto hablaremos después.

A Ray le gustan las motos. En todos lados vais a leer que “Ray es el carismático líder de una banda de moteros”. Ray tiene el carisma y la capacidad de liderazgo de un cenicero. La banda de moteros que supuestamente regenta, son una gente estupenda, divertida, y muy fetichista. No en vano no son actores profesionales, sino miembros reales del Gay Bikers Motorcycle Club, el club de motoristas LGBT+ más grande de Reino Unido y Europa. Tienen todo lo que no tiene Ray. Saben habitar las disidencias, son duros cuando tienen que serlo, y cuidan unos de otros cuando tienen que hacerlo. De hecho, cuando Ray desaparece nadie da la más mínima muestra de echarle de menos. Ray es el póster para hacernos pajas, su banda son los amigos que todos queremos tener. Y aquí es donde viene una decepción para el público.

Pillion no es una película de moteros. A los moteros les gusta montar en moto, y (a algunos) el sexo en los márgenes, y en esta película hacen de todo menos eso. A Ray la ropa de motero le queda de rechupete, y lo sabe. Más morbo al saco, pero ya. Ray no es fetichista, tal como podemos comprobar durante toda la película. Aparte de su mono de cuero, y un singlet, una especie de body de tirantes que se usa en lucha libre (que por cierto, es de Boxer, una marca de Barcelona. Bien por el diseñador de producción.) que se pone en una escena, no hay ni un mínimo signo más de que sea fetichista. Todo el resto de su vestuario es del Primark, o de un mercadillo. También se demuestra en lo descuidado que es vistiendo a Colin. Ray es muy masculino, y con eso ya le vale. El fetichismo, por contra, lo que busca es la hipermasculinidad. La apropiación, la parodia, la resignificación que sí vemos en sus amigos (uso de cuero, goma, grandes septums, top crops, y todo lo que se les antoja) contrasta con la austeridad de Ray. Supongo que esto es herencia de su relación heteronormativa anterior.

Pero sobre todo, lo que Ray no es, es un Amo BDSM. Ray lo que busca es un esclavo doméstico que le haga la compra y la comida, que no le moleste para dormir, y que se pueda follar de vez en cuando sin tener que hacer mucho esfuerzo. Porque Ray es, por encima de todo, un vago. Querer que tu esclavo te haga las cosas y que duerma en el suelo es totalmente lícito, puede formar parte del acuerdo, y conozco varias relaciones de este tipo. Eso está puesto en la película para que se escandalice quien no conozca ninguna relación real Amo/esclavo. Pero hay una serie de cosas que forman parte inexcusable de las tareas de un Amo y que no se muestran, como son la educación y los cuidados de tu esclavo. Nadie a dicho que ser Amo fuera fácil. Ray no hace nada, literalmente nada, en toda la película. Salvo una escena en la que montan un número del Circo del Sol, Colin tiene que ir aprendiendo a ser un buen esclavo a base de leerle el pensamiento a Ray. De hecho, el posiblemente momento más importante de una relación Amo/esclavo, la puesta del collar, ni siquiera se nos muestra. Estoy seguro que se lo tuvo que poner el
pobre Colin él solo. Lo mismo con el corte del pelo o cuando le dice que se dilate el ano, porque lo tiene muy estrecho. Y por supuesto, los cuidados. Por mucho que le humilles o por muy duros que sean los juegos que hagáis, siempre, siempre, hay después una sesión de cuidados. Porque el BDSM es un camino que se recorre juntos, en el que se crece juntos. Es una relación asimétrica, donde cada uno busca algo diferente desde una perspectiva diferente, pero siempre acompañados. Ray no es un Amo, es un acosador (¿otra pista de por qué ya no está con mujeres?), y hay que ir a ver la película desde esta perspectiva. Pero como dije antes, esta película no va sobre Ray, por lo que lo que le pase a Ray no nos importa, es solo un decorado para que entendamos el camino de Colin.

Colin es un muchacho que quiere una relación como la de sus padres, que se nos muestran todo el rato como la pareja perfecta, pero con un chico. Colin, eso sí, tiene la suerte de vivir en el pueblo menos homófobo del planeta Tierra, o si no, que alguien me explique la primera escena, donde vemos un pub de un pueblo británico tomando unas cervezas a gente corriente y una banda de Amos y esclavos fetichistas como si fuera lo más normal. Cuando Colin se da cuenta de que la divinidad que le ha escogido como pareja lo quiere como esclavo, pero sin la parte buena de ser esclavo, se arma de paciencia y se dice a si mismo: ya lo cambiaré. Lo que pasa a continuación no le sorprenderá. En el fondo, la película sí que refleja una realidad. A lo largo de los años me he encontrado con muchos Rays y muchos Collins. Supuestos Amos que son vagos y acosadores y esclavos que buscan a quien servir desesperadamente, porque está en su naturaleza, pero que no necesitan aguantar a un gilipollas. Cualquiera que esté un poco dentro de la escena sabe el drama que supone encontrar a alguien con quien compartir tu mirada y tus juegos. La escena final subraya la temática principal de la película, por si a estas alturas a alguien le quedaban dudas. No sabemos si el nuevo Amo que se busca Colin es fetichista o si le gusta el BDSM, lo que sí sabemos es que 1/ es igual o más guapo que el anterior, 2/ que es negro (todos nos imaginamos la escena donde le dirá que se dilate el ano porque lo tiene demasiado estrecho), y 3/ es… ¡futbolista! Porque si en el imaginario homoerótico hay alguien más macho que un motero, es un futbolista. Colin sube 3 peldaños de golpe en la escala del morbo. Si busca otro Amo en el futuro tendrá que ser un boxeador o ya no sé cuál sería el siguiente nivel de masculinidad.

Recapitulando. ¿merece la pena ver Pillion? Sin duda. Es muy raro poder ver una historia gay en el entretenimiento contemporáneo que no sea una exaltación del amor romántico normativo. La única condición es tener muy claro, eso sí, que lo que vas a ver no es una relación BDSM, sino la historia de un señor con problemas y muchas red flags, y la de un muchacho en su autodescubrimiento de lo que puede llegar a ser un esclavo.

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