EL FETICHE ES UNA CUESTIÓN DE AMOR
Ellos no son más que pajeros. Punto final a la cuestión.
Un sumiso fetichista suele ser un hombre que se ha atrevido a desafiarse a sí mismo y a asumirse. Hace poco, en otra columna, escribí sobre los «masturbadores indómitos que conservan la inocente perversidad del deseo sexual puro y virgen. De la relación estímulo–respuesta que no está contaminada con ningún condicionamiento social, comunitario ni ético». Me refiero justamente a esta clase de hombres, que llegan hasta nosotras con un largo historial de masturbaciones, deseos y fantasías que entendidas y asimiladas en un marco de respeto mutuo, pueden abrir un mundo de juegos sexuales de riquísima variedad.
Vuelvo a Dian Hanson: El fetiche tiene mucho que ver con la búsqueda del amor. Cuando me lamen las botas que yo elegí primorosamente para seducirlos, yo los amo y ellos me están dando amor. No el amor cursi que a lo mejor las mujeres esperamos, incluidas las chicas bedesemeras que sueñan con el collar, la cartita y las esposas de peluche. Es un amor diferente, hablado en un lenguaje diferente, pero que las mujeres podemos entender fácilmente si nos lo proponemos. Convendría que las mujeres les prestemos más atención a estos tímidos galanes en potencia. A lo mejor te llevas una sorpresa…te lo dice una que vive sorprendida de las muestras de amor incondicional y romántico que recibe por parte de tantos pajeros.