Últimas entradas

Contacta con nosotros

Síguenos en las redes

UNA FANTASÍA DE VIOLACIÓN

No sabría decir cuanto tiempo había permanecido allí, atado boca abajo al cabecero de la cama y completamente desnudo, sin poder ver nada por tener los ojos tapados con un antifaz y sin poder tampoco gritar a causa de la mordaza que me tapaba la boca. Estaba sobre un colchón sin sabana alguna y sentía como algunos de sus muelles se me clavaban dolorosamente en el cuerpo sin que pudiera cambiar de postura para evitarlo. El ambiente de la pequeña habitación en la que estaba cautivo estaba en penumbra, una sola luz eléctrica procedente de una lámpara sobre un escritorio cercano a la cama añadía algo de luz a la escena, luz que yo tan solo podía intuir a través del antifaz. Intenté moverme, pero tenía las piernas juntas e inmovilizadas con correas y los pies atados, tan solo podía moverme arrastrándome un poco hacia los lados de la cama y aún así casi no tenía ni esa libertad, pues las fuertes sogas que me ataban las muñecas a la cama eran muy cortas y, por más que forcejeaba, no conseguía que cedieran ni un milímetro. Hacia calor y con la mordaza de bola perforada colocada en mi boca no podía evitar que finos hilillos de babas se deslizaran por mi barbilla y acabaran mojando el colchón.

De repente sentí una presencia dentro de la habitación, alguien había entrado por la puerta, sus pasos se acercaban a la cama con lentitud, como si quisiera que los escuchara con claridad para aumentar mi sentimiento de indefensión. Volví la cabeza hacia el origen del ruido y emití un leve gruñido con un tono de interrogación, no tenía ni idea de quién era el que se acercaba, por el sonido de sus pasos, tan firmes y decididos, podría ser un hombre, pero no estaba seguro, de lo único que tenía la absoluta certeza es de que estaba completamente a merced de ese extraño, podría hacer conmigo lo que se le antojase sin que pudiera hacer nada para detenerle. Como si él hubiera olfateado mi miedo inmediatamente sentí como su mano me magreaba el trasero, completamente expuesto a sus toques, me acarició las nalgas con descaro mientras yo me agitaba, como si de esa forma pudiera sacudirme su mano de encima, pero era algo inútil, una causa perdida, tan solo podía gemir de pura vergüenza e impotencia.

—Tenerte así me está poniendo muy cachondo, ¿te gusta que te toque aquí?

Emití unos graves gruñidos y comencé a forcejear con más insistencia para hacerle llegar por hechos mi negativa, a la vez que balanceaba mi cabeza nerviosamente de un lado a otro.

—¿Si?, entonces, si te gusta tanto, debería darte más.

De repente sentí como el deslizaba sus dedos índice y corazón hasta la raja de mi culo y los insinuaba en mi esfínter. “¡No, por favor, no lo hagas, no!” Hubiera querido gritar, pero mis súplicas se ahogaron en la mordaza y solo llegué a producir una frenética sucesión de lamentos balbuceantes. Sus dedos abrieron con maestría el cerrado músculo de mi esfínter después de que se hubieran retirado un momento para aplicar en él un líquido frío y viscoso. A causa del lubricante aquellos dedos avanzaron raudos hasta el fondo, hasta estar completamente dentro en toda su longitud, podía sentir claramente el resto de su mano empujándolos todo lo que podía contra mi culo, mientras él movía sus dedos dentro de mi, abriéndolos y cerrándolos, obligando a mi intestino a dilatarse, excitándolo. Comenzó a sacar y a meter los dedos mientras hacía esto, una y otra vez, y, sin poder evitarlo, comencé a gemir, a calentarme, a pesar de la humillación y la vergüenza que sentía. El pudo notarlo con claridad.

—Parece que ya estás listo.

Alguien más entraba en la habitación, era más de una persona, podía oír como el sonido de diferentes pasos se entremezclaban entre si, eran al menos tres personas, y, había algo más, un sonido como de hebillas metálicas sueltas, que llenaban el aire con unos breves y suaves tintineos. “Se… ¡¿se están quitando los cinturones?!… eso significa que… no… ¡no!… ¡¡¡NOOO!!!… ¡por favor, no, no quiero esto, soltadme…! ¡¡¡Que alguien me ayude!!!”. Comencé a luchar desesperado contra mis ataduras, desesperado, poseído por el terror y el pánico, dando violentos tirones y sacudidas que casi me hicieron autolesionarme, mis gritos de pavor sonaban como frenéticos e histéricos rugidos de una bestia acorralada y sin escapatoria. “¡Me van a violar, van a violarme, no, no lo hagáis, soltadme, por favor, no lo hagáis, socorro, van a violarme, nooo!”. Mis pensamientos fueron interrumpidos por un estruendoso estampido y un agudísimo dolor que me arrasó la espalda, un dolor tan fuerte que me hizo emitir un grito intenso y prolongado de sufrimiento. Unos segundos después de ese repentino dolor pervivió un escozor palpitante y candente, como si me hubieran marcado a fuego la espalda con un hierro al rojo, me estremecí y comencé a jadear, nuevos hilillos  de baba cayeron desde la mordaza de bola perforada hasta el colchón, resbalando por mi barbilla.

Alguien me tomó con violencia del cabello y me alzó la cabeza, no pude evitar emitir un gemido de terror y sorpresa, la fuerza de aquella persona era inmensa, me hacía daño, tenía la sensación de que me echaría el cuello hacia atrás hasta quebrármelo, mi espalda… sentía que se iba a doblar. Sentí un aliento contra mi oído y luego una voz masculina con un intimidante tono autoritario:

—Escucha atentamente, niñato, porque solo te lo diré una vez. Mis amigos y yo vamos a follarte ese culito tan lindo que tienes hasta que nos quedemos a gusto, más te vale esforzarte por satisfacernos y no hacer ninguna tontería, porque si no colaboras y no dejas de revolverte te destrozaré a hostias con mi cinturón, dándote con todas mis fuerzas y con el extremo de metal, ¿te enteras?

Aquel tío me soltó de su presa y volví a caer a plomo sobre el colchón, me quedé allí, inmóvil, sin atreverme casi a respirar, no pude hacer otra cosa que llorar de rabia, de impotencia y de temor. No pasó ni un minuto antes de que sintiera que unas manos ásperas y enormes me separaban las nalgas, justo después de que el colchón crujiera por el peso de alguien realmente voluminoso que se colocó
a horcajadas sobre mi. Algo grande, caliente y palpitante presionó sobre mi esfínter y, con un movimiento repentino, violentó la entrada.

Me dolió a pesar de haber sido lubricado antes, era demasiado grande, se movía demasiado deprisa, era demasiado rudo, me follaba con tan poca delicadeza que cada embestida me destrozaba. Una mano me tomó por el collar que rodeaba mi cuello y estiró con una fuerza irresistible, emití un grito ahogado, no podía respirar, me estrangulaba cada vez con más fuerza mientras él aumentaba la intensidad de la follada, jadeaba ruidosamente en intentos tan desesperados como inútiles por conseguir una leve bocanada de aire, me mareaba, mi cara ya estaba morada, completamente congestionada, todas mis fuerzas desaparecían y mi percepción y mi consciencia comenzaba a apagarse como una vela que se quedaba sin oxígeno, me sentía morir, me iba a matar. Una última y profunda estocada y él se corrió como un cerdo,
llenándome el culo con lo que me pareció un litro entero de su asqueroso jugo de polla y, sin que pudiera comprender el motivo, yo también me corrí entre débiles gemidos de agonía y la misma vida pareció escaparse de mi cuerpo a través de mis espasmódicas eyaculaciones, porque me desvanecí y perdí el conocimiento.

Después de unos minutos, unas horas o unos días, no sabría decir el tiempo, me desperté con una sensación extraña, sin recordar donde estaba o que había pasado. No podía ver nada, algo me mantenía atado a una cama y alguien estaba sobre mi… pero, ¡¿que cojones hace?! Un grito distorsionado salió de mi boca amordazada cuando otro desconocido me penetró mi dolorido ano, moviéndose rítmicamente en mi interior con un extraño sonido de fricción húmeda, sujetando mis caderas para obligarme a acompañar sus movimientos. De repente me acordé de todo y hice débiles intentos de zafarme de él, pero estaba demasiado débil, mis músculos parecían hechos de plomo, me pesaban, era incapaz de flexionarlos sin sufrir enormemente. Impotente, me rendí, me dejé caer sobre el colchón como un cadáver y cesé toda resistencia, unas lágrimas, producto de mi profunda humillación y frustración, resbalaron silenciosamente por mis mejillas.

—Vaya, ¿ya has tirado la toalla?, supongo que toda voluntad de luchar tiene un límite.

Rio el extraño con satisfacción y malicia mientras me embestía con más fuerza, ya daba igual lo que pasara, no podía caer más bajo en la mierda de lo que ya estaba. Me folló como a una muñeca hinchable, con rudeza, sin ninguna clase de cuidado y acabó por correrse en mi recto, que estaba dolorosamente dado de sí e irritado, la sensación de su semen chorreando por mis entrañas en carne viva fue tan abrasiva como el contacto de un ácido y me arrancó un lastimero gemido de dolor. No podía dejar de llorar. El desconocido salió de mi interior y se levantó de la cama, las contracciones de mis inundados intestinos sacaban poco a poco hacia afuera un extraño líquido blancuzco y espeso.

—Por favor… no más… me estáis destrozando… mi culo… lo estáis destrozando… nunca volverá a ser el mismo…

De repente un correazo golpeó mi trasero con fuerza, todo mi cuerpo se crispó en una extraña mueca y una sensación misteriosa comenzó a invadirme, a calentarme, partiendo desde las castigadas nalgas de mi pobre retaguardia, no podía creérmelo, me estaba poniendo cachondo, a pesar de estar siendo violado por unos extraños, aquello… se sentía cada vez mejor. No pude evitar entonar un gemido placentero cuando un escalofrío recorrió mi espalda y mi sexo, un gemido que a penas pude disimular. Estaba arrancando a sudar como un puerco, tenía demasiado calor, mi respiración eran nubes de vapor ardientes. Un nuevo correazo sacudió mi otra nalga, todo volvió a
empezar, solo que con más fuerza, era cada vez más intenso. A ese azote le siguieron otro… y otro… y otro… acabé perdiendo la cuenta, aquella zurra, asestada cada vez con más fuerza y con menos intervalos de descanso entre un azote y otro, acabó por desquiciarme, por algún motivo no podía parar de gritar de puro goce, ese dolor… ¡era lo mejor que había sentido nunca! La zurra se detuvo de repente, igual que como había comenzado. Comencé a rugir como una bestia rabiosa, no quería que parara.

—Vaya… ¿qué ocurre?, ¿acaso te estaba gustando?

Alguien me quitó la mordaza, un chorro de saliva estancada en mi boca cayó de golpe al colchón y formó un charco viscoso, tosí con fuerza y tomé una profunda bocanada de aire.

—Si… por favor… os lo ruego… podéis hacerme todo lo que queráis… pero… por favor… ¡seguid golpeándome!, ¡¡¡NO PAREIS AHORA, POR FAVOR!!!

Escuché varias carcajadas. Una voz habló:

—Vaya, enhorabuena, acabas de descubrir lo que significa ser un masoquista. Dejaremos que disfrutes más de ese dolor, pero, después, cumplirás tu palabra y nos la chuparas a todos hasta que nos corramos en tu boca.

Escuché el sonido de un cinturón tensándose repentinamente y no pude evitar sonreír. “Si, vamos, ¡apresúrate!, ¡sigue castigándome más!, ¡todo lo duro que quieras!”. Un nuevo azote casi me hizo sentir que me desprendía la piel a tiras en el lugar donde impacto.

—¡¡¡AAAAAAAHHHHGGG…!!!

Un grito de puro sufrimiento desgarró el aire, y me dejó con la boca abierta, resollando, con la lengua fuera, mientras aquella expresión de dolor se tornaba en mi cara en una amplia sonrisa nerviosa, placentera, casi lunática, todos los rasgos de mi cara temblaban mientras comenzaba a reír como un lunático.

—aaaggh… aaaggh… aaajaajaajaaggh… jajajaja… siiii… es lo mejor, ¡no te detengas, vamos!, ¡¡¡NECESITO QUE ME DES MAS FUERTE, MARICÓN HIJO DE PUTA, ESPABILA DE UNA JODIDA VEZ!!!

Escuché unas exclamaciones de sorpresa y de hasta temor por mi reacción, seguro que todos me miraban asustados, como si me hubiera vuelto loco. No había vuelta atrás, la bestia estaba despierta, y nada la iba a detener, me iba a correr en el punto álgido de mi enajenación.

—¡¡¡¿A QUÉ DEMONIOS ESPERAIS?!!!, ¡¡¡CERDOS DE MIERDA, GOLPEADME CON TODAS VUESTRAS PUTAS GANAS U OS MATARÉ EN CUANDO ME SUELTE!!!

Pensar en lo acojonados que debían estar solo contribuyó a ponerme más cachondo aún. Un nuevo zurriagazo me hizo rozar el mismísimo Cielo y, entonces, supe que no había vuelta atrás.

—¡¡¡OOOOOOOOHHHAAAAAAAAGGGHHH…!!!, ¡¡¡SIIIII… ME CORROOOOOOO…!!!

El orgasmo me envistió con la violencia de un toro bravo, me sentí desvanecer, como si muriera lentamente, mi dolorido cuerpo fue recorrido por fuertes espasmos, como los que tiene un pollo cuando le cortan la cabeza, y me dejó reducido a un montón sudoroso e inútil de carne flácida que se derrumbó sobre la cama. Allí me quedé, crispado, temblando, convulsionándome mientras respiraba débilmente, tendido boca abajo, como un soldado que expira su último aliento tras haber sido herido mortalmente y agonizar en el campo de batalla. La oscuridad pronto lo invadió todo, una sombra que me cegó los ojos dentro de mi cabeza y que me arrebató, instantes después, toda
consciencia.

 

 

Autor: Master Spintria

Ilustración: hokuro ryuuseigun

Publicar un comentario

Acceder

Registro

Restablecer la contraseña

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico y recibirás por correo electrónico un enlace para crear una nueva contraseña.