TXAKURRA
Mi corazón late otra vez a mil por hora. Aún estoy arrodillado al lado de la mesa. El caminar descompasado de susanita, me pone en alerta. No veo a mi Señora por ningún lado, pero si puedo escuchar su voz en la habitación contigua, donde está la mazmorra. Se ríe a carcajadas, no sé si habla por teléfono o con otra persona.
susanita se detiene frente a mí y le avisa a Mi Señora, su posición. “muy bien susanita!!!» le dice a su fulana, «txakurra!!!!» me grita, “harás todo lo que mi fulana te ordene”
«Sí Señora», le dije sin rechistar. Era la primera vez que sus instrucciones las delegaba en otra persona, habría deseado que fuese otra ama, sin embargo, ahora soy un sumiso de un sumiso. Me siento absolutamente humillado, como un despojo humano que no sirve para nada.
Escucho la voz masculina de susanita, su risa maliciosa, me advierte que no me espera nada bueno.
—Aquí tienes la comida, perro de mierda…. —Y me pone en el suelo, un cuenco con una pasta que a la vista, no se veía para nada apetitoso, sin embargo, manteniendo mi posición de animal, comienzo a comer. Era una situación bastante degradante para mi. Sentía la presencia de susanita que me miraba inquisidoramente, sin apartar sus ojos en ningún momento de mi. Mientras comía como un perro, escuchaba que susanita murmuraba palabras que no llegaba a entender… pero que extrañamente hacía que no pudiese apartar la vista de la comida y tragar de forma apresurada. Cuando terminé el último bocado, susanita con una patada golpeó el cuenco, que fue a parar al otro lado del comedor y sin levantar la vista, se puso frente a mi.
Llevaba los tacones de mi Señora que le había regalado hace ya un par de años. Verlos en los pies de susanita, me llenó de inquina.
—¿Has visto mis tacones, perro de mierda?
—Si, señorita —le dije con cierta ironía.
—¿A que me quedan bien? — me preguntó, siguiendo el jueguecito irónico, que habíamos comenzado.
—Si, señorita —le contesté.
—Ahora seré yo la Señora!!! —replicó con una voz fuerte e imponente— ¿Ha quedado claro, perro de mierda?
—Si, Señora— le respondí otra vez, pero esta vez mi respuesta estaba llena de turbación. Su tono de voz había cambiado diametralmente. Podía intuir que la afirmación que venía de su voz, la dijese mi propia Señora.
Estaba realmente confundido… susanita se acerca, en su mano tiene un antifaz que me lo pone rápidamente en la cara junto a un bozal con strapon, que me impedía casi respirar. Se me estaba privando la posibilidad de hablar y ver. Sólo podía escuchar el vaivén de la voz masculina de susanita cuando me degradaba o femenina pero irónica cuando me daba alguna instrucción denigrante, y el sonido constante del taconeo, aumentaba cada vez más mi excitación. A veces lo escuchaba alrededor de mi cabeza, que aún se mantenía pegada al suelo, otra vez cerca de mi culo… sentía además el aliento de una respiración acelerada en mi oreja, otra veces en mi espalda… podía sentir como susanita disfrutaba con todo este juego.
En un momento sentí como unas uñas largas se clavaban por mi espalda y bajaban lentamente hacia mi culo que se mantenía expuesto como una perra en celo. Escuché que susanita me decía que lo moviera, que la invitara a penetrarme. La excitación que sentía en ese momento, me hizo olvidar que estaba cedido a la fulana de mi Señora, esa que ahora tenía el honor de ser su mano derecha, que podía disfrutar atendiéndola las veces que mi Señora deseara, me hizo sentir, aún más, que no valía para nada, olvidé que era un hombre y solo dejé fluir al perro humillado y apaleado, que pocas veces dejo salir.
Sentí como un guante de látex preparaba mi ano, los círculos suaves que dibujaba alrededor de el y la voz impositiva de susanita ordenándome que ladrara como perro, me tenía al borde de la eyaculación. Y ella se dio cuenta. El strapon de mi boca, me hacía ladrar como un chiguagua.
Paró en seco. Hubo un silencio eterno.
Siento un chasquido y el golpe de la varilla en mi culo, retumbó tanto, que de mi boca salió un alarido. No era un grito. Fue un aullido ahogado. También escuché un gemido excitado que no logré identificar. Siento como esa mano enfundada en el guante de látex apretaba mi polla que aún se mantenía erecta. A pesar de que había ese material entre ambas pieles, podía sentir el poder y fuerza de las uñas clavándose en mi.
Escuchaba voces, pero en ese momento no era capaz de poner atención, risas, insultos y spanking con la varilla, me habían envuelto en un trance, en donde, había perdido absolutamente el control de mi mismo.
Otra vez silencio.
Otra vez el devenir de tacones alrededor mío.
Solo puedo oír.
Susanita se acerca y pone en mis orejas, un casco anti-ruido. Ahora solo puedo sentir a través del tacto, de mi piel.
Un chasquido y golpe en mi culo, una pausa, un círculo dibujado con el guante en mi ano.
Otro chasquido… otra pausa…
Pero ahora era distinto, siento como se abre mi ano sin esfuerzo, húmedo, excitado para dar paso a ser penetrado. El movimiento suave y el poder de esa polla en mi culo, me hacía sentir cada vez más denigrado y avergonzado. ¿Cómo puede ser que me guste que un hombre me esté follando?. Esos pensamientos rápidamente los borré de mi cabeza, y solo comencé a disfrutar de esta nueva sensación. Agradecía en mi cabeza, la oportunidad que me daba mi Señora a experimentar con otras personas y que me produjese tanto placer.
Los movimientos se vuelven más intensos, más violentos, me quita el bozal y susanita me ordena que ladré con fuerza. Lo hago, solo puedo obedecer. Mi aullido sonaba exhausto, pero complacido. Me ordena que lo haga con más fuerza, que se acompase con los embistes de la polla… mis gritos se hacen más intensos, jadeantes.
Ella se da cuenta y unas manos destapan el antifaz que llevo puesto.
Y la veo frente a mi.
A susanita.
La polla seguía desgarrando mi culo. Fue tal mi desconcierto, que perdí por un segundo el conocimiento, pero una caricia reconocible recorrió mi espalda. Era Mi Señora.
—Quiero que te corras conmigo!!! —me decía mientras movía el strapon con sus caderas.
No me salió ninguna palabra, solo ladridos.
Ella gimió, empotró y se corrió.
Y obedecí.
Sigo siendo su miserable, humillado y fiel perro. Siempre me sorprende.
Autora: Mistress Daiana
Dibujo: Sergio Bleda