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HISTORIA DE UNA ZURRA INESPERADA CON LA ZAPATILLA

Estaba viendo el fútbol en la tele y entraste en casa, venías de clase del carnet de conducir, me disté un beso y me comentaste te ibas a dar una ducha, me invitaste a ducharme contigo y te contesté que me había duchado hacía un rato, al llegar del trabajo. Yo seguí sentado en el sofá viendo la tele, al rato viniste con el pelo mojado, la toalla liada en la cabeza, vestida de estar por casa con una bata con botones y te sentaste a mi lado, llevabas puestas las zapatillas negras y las llevabas como siempre achineladas. Yo de verdad, y es raro en mí, no vi que las llevabas puestas, pues quizás es lo primero que miro cuando te cambias.

Me pediste me levantara y me pusiese delante de ti y empezaste a desabrocharme el cinturón, el botón y a bajarme la bragueta, yo pensé que tenías ganas de hacer el amor, pero me sorprendiste al decirme “lo siento mucho por ti cariño, pero hoy te voy a dar una zurra, que te va a doler y mucho” yo me sorprendí pues no me la esperaba, me enseñaste tus pies calzados con las zapatillas y entonces las vi… decir que cada vez que las veo me vuelvo loco, son negras cerradas por delante y por detrás, a pesar de que siempre las suele llevar achineladas, casi planas, la suela del grosor de un dedo y de color amarillo, un poco rugosa y muy flexibles.

Me dijo: llevo toda la tarde poniéndome cachonda solo de pensar, que cuando llegara a casa, te iba a calentar el culo a base de bien. Hacía tiempo, que no la hacía enfadar y no había zurra “ya sé que te portas bien, pero es que deseo tanto tener tu culo desnudo encima de mis rodillas y ponértelo rojo como un pimiento, no te puedes imaginar las ganas que tengo de coger la zapatilla” mientras me ibas diciendo eso me ibas desnudando lentamente, yo no hablaba y ponía cara de circunstancia, como si no entendiera nada, me jodiste el final del partido y lo di por bien empleado, repito que ponía cara de extrañado ante ella a pesar de que por dentro tenía unas ganas locas, quizás tantas como ella.

“Ya lo se cielo, por eso te he dicho al principio, que lo sentía por ti, pero nos hemos de dar placer, el uno al otro y yo hoy lo que necesito es darte una zurra tan fuerte, hasta que el corazón me diga basta, te voy a calentar de lo lindo” acábate de desnudar salvo el slip sin calcetines del todo.

Te abriste la bata de forma que los muslos los dejaste desnudos ante mí, con la cabeza me hiciste un gesto para que me pusiera en tu regazo, me acomodaste bien y me ponías la mano por debajo de los calzoncillos y me acariciabas el culo, mientras me decías “espero cariño te portes bien y me pongas el culo como a mí me gusta, te va a doler, pero será mucho peor si me escondes el culo y me haces enfadar, sabes bien que enfadada ni freno ni límite ” yo le contesté, fueron mis primeras palabras: “si cariño, te lo pondré bien puesto”.

Pues si lo tenemos todo claro vamos a empezar “dame la zapatilla bien puesta”, darle la zapatilla bien puesta, era doblar bien la parte trasera y los laterales, de forma que ella pudiera cogerla bien. “Quiero que los vayas contando en voz baja y cada vez que lleguemos a diez, veinte, treinta etc., lo digas en voz alta, no te descuentes, porque si lo haces, empezaremos otra vez desde cero. Te voy a dar para empezar doscientos buenos azotes y una vez dados decidiré si seguimos o por el contrario ya tengo suficientes y terminamos”.

“Antes de empezar ve a la habitación y trae las otras zapatillas”, Marta no suele llevar las zapatillas negras por casa, no soporta andar plana, le duele la espalda, solo se las pone cuando se avecina una zurra, ella suele llevar unas zapatillas con cuña bastante altas, son cerradas por delante y abiertas por detrás, de color azul marino de piel, la suela es de goma de color negro y tiene un grosor de un par de milímetros, no es una zapatilla flexible. En alguna ocasión cuando hacemos el amor, se queja de que no se lo hago bien y me dice para y me pone en su regazo, coge la zapatilla de cuña y me da unos cincuenta azotes, para que me aplique más y le coma el coño bien comido. Es una zapatilla que pica y duele, pero ni comparación con la negra. Esta es más bien para “aquí te cojo y aquí te pillo”

 

Extrañado, pues nunca me había pedido esta zapatilla, se las llevé y me dijo: “deja una en el suelo y la otra si quieres ve oliéndola, haciéndote caricias, lamiéndola  y besándola, (yo estaba rojo de vergüenza), mientras te zurro, sé que lo haces y me imagino te gusta, sé que de vez en cuando limpias la suela y todo esto lo haces cuando yo no estoy”, yo puse cara de tonto y sorprendido, pues desconocía que ella lo sabía, sí que es cierto que hacía lo que ella acababa de decir, “que te crees que soy tonta, a veces las dejo de una forma puestas al lado de la cama y cuando vuelvo no están en la misma posición”, eres como un niño pequeño, te gusta jugar con mis zapatillas, yo me sonreí, me volvió a señalar me pusiera encima de sus rodillas y volvió a acariciarme el culo, yo me puse su zapatilla a la altura de mi boca y me apoye en ella, me preguntó: “¿estás preparado para recibir una buena paliza?, ¿te vas a portar bien y me vas a poner el culo como a mí me gusta?”, yo le contesté que no me quedaba otra solución y que sí le iba a poner el culo bien puesto.

Ella se puso la zapatilla negra en su regazo, yo esperaba su primer azote y este no llegaba, nunca una vez bien puesto me empezaba a azotar, siempre esperaba un rato, mientras me reñía y me decía el porqué de la zurra que iba a recibir.

Me dijo que como hacia días no me zurraba, me iba a preparar el culo, eso quiere decir que me da unos cincuenta azotes con la mano, los primeros encima del calzoncillo y los segundos con el culo al aire y a partir de ahí, empieza la zurra, esos cien no cuentan. Después de ellos y de darme un buen masaje en el culo, “lo tienes perfecto muy redondo y bonito, preparado para la que te viene encima”.

Ya con la zapatilla empezó a azotarme rítmicamente, me daba dos azotes en cada nalga y cambiaba a la otra, me azotaba fuerte, yo aún tenía los calzoncillos puestos, pues me los volvió a subir, dije 10, y ella siguió sin inmutarse, 20, siguió al mismo ritmo, dos azotes por nalga, plis, plas, plis plas en el salón solo se oía el sonido de la zapatilla cuando impactaba en mi culo, de momento no decía nada, yo dije 30 y ella siguió cuando dije 40, me dijo “quítate los calzoncillos y empecemos a hacer las cosas bien”, siguió azotándome al mismo ritmo, pero el azote me dolía mucho más, parece mentira, pero el calzoncillo te da un pequeño respiro, duele mucho, pero evita el contacto directo de la suela con tu piel, ahora dolía mucho más, pero ella seguía azotándome con la misma intensidad y al mismo ritmo, 50, llegamos a los 60, y me dijo, “cuando te haya dado 75 azotes, cámbiame la zapatilla”, yo ya estaba llorando a lágrima viva, me dolía y mucho, así lo hice, cogí la que estaba utilizando y se la puse en el pie, me gusta verle los pies, con las uñas pintadas de un rojo vivo, cogí la otra zapatilla, le doblé el talón y se la di como a ella le gusta, empezó a azotarme nuevamente, ahora el ritmo era un poco más rápido, había menos espacio entre azote y azote, me daba dos en cada nalga plis, plas, plis, plas y me azotaba más fuerte, así llegamos a los cien, cada vez me dolía más el culo, pero yo seguía llorando y poniéndoselo bien, me prometí que sería más fuerte que ella y aguantaría sin rechistar, creo que ella intuyó mis intenciones y se dijo así misma tarde o temprano lo doblegaré, ella me iba diciendo que el culo empezaba a ponérseme colorado y ya lo tenía calentito, que estaba pasándoselo muy bien y era cierto, de vez en cuando yo notaba como se estremecía, lo notaba al estar encima de sus piernas, no me di cuenta y ya estábamos en 140 azotes, me volvió a decir “ a los 150 azotes, vuélveme a cambiar la zapatilla”, repetí la misma operación y pensé solo quedaban 50 azotes, me dolía el culo a rabiar, pero no quería demostrarle que estaba a punto de rendirme, no quería tocarme el culo, sé que a ella no le gustaba, aguante 190 y siguió azotándome, 200 y siguió azotándome más, cada vez más deprisa y más fuerte, me acomodo bien encima de sus rodillas e intuí una sonrisa de satisfacción en su cara, me azotó como nunca hasta los 250 azotes, “vamos a descansar un rato, cariño, me dijo” me bajé de sus piernas y me senté en el suelo, el frío del mismo  me alivió el culo, lo tenía hirviendo, me dolía un montón, ella se sonreía, yo alucinaba, llevábamos 250 azotes con las zapatillas más los cien con la mano y ella quería seguir, pensé no aguantaría mucho más.

Se levantó y fue al lavabo y luego pasó por la cocina y cogió una Coca Cola, me pregunto si quería algo y le pedí un vaso de agua, se sentó nuevamente en el sofá y me pregunto “¿te gustaría te azotara un rato con estas zapatillas?”, se refería a las que lleva cada día, no contesté, pero le di a entender que sí, ya he explicado que son totalmente diferentes son muy bonitas, no como las negras que ella las llama las “zapatillas de la abuela”pues ponte bien que te voy a dar cincuenta azotes con cada una de ellas”, me volví a poner y me dio un par de azotes con la mano “¿y la zapatilla? , se la di y empezó a azotarme muy fuerte, pero cuando digo muy fuerte, es que era muy fuerte, el ruido en el salón de la zapatilla cuando impactaba en mi culo era muy grande, enseguida volví a ponerme a llorar del dolor,  me azotaba muy rápido y muy fuerte, ahora era descompensado a veces me daba dos o tres azotes en una nalga y luego uno o cinco en la otra, casi sin darnos cuentas llegamos a los cincuenta, sin decirme nada le cogí la zapatilla y le di la otra, aun no me había puesto bien, que ya me estaba volviendo a azotar, parecía como si tuviera prisa, me daba sin respiro, ella se estremecía cada vez más, yo iba diciendo 60… 70… 80… 90… y 100 y dije un cien como diciendo se ha acabado, la miré y ella se sonrió, me dejó bajar y volví a sentarme en el suelo.

 “Bueno cariño, esto está llegando a su fin, ¿qué tal, como te encuentras?, ¿te duele?, ¿tenía razón cuando al principio te he dicho, te iba a dar de lo lindo?”, yo le contesté  que sí, que me dolía mucho y que tenía razón, pues me estaba zurrando casi como nunca, bebimos ambos y me dijo “ponte bien que vamos a acabar ya, te voy a dar 75 azotes más con cada zapatilla y así llegamos a los 500 azotes, hace ya mucho tiempo no te daba una paliza así y ya tenía ganas”, me volví a poner, le di la zapatilla como ella quería y empezó a darme los azotes más fuertes, que hasta ese momento no me había dado, bien es verdad yo ya tenía el culo super azotado, fuertes y rápidos, tenía el culo a punto de reventar, estaba casi a punto de rendirme, pero en ese momento me entró un escalofrió y a la vez un calor dentro de mí, y me empecé a poner cachondo, me puse a cien y ella notó mi polla entre sus piernas y eso le dio más fuerzas y aún me azotaba más y más fuerte, estábamos así que llegamos a los 75 primeros azotes, le cambié rápidamente la zapatilla y volvió a darme con la misma fuerza y rapidez, yo seguía con mi polla a punto de reventar entre sus piernas, le acariciaba su pie descalzo y sus pantorrillas, ella se estremecía cada vez más, a cada azote sus piernas se abrían y cerraban en contacto con mi polla, así sin parar llegamos a los 75 azotes más, ella dejó caer la zapatilla al suelo y empezó a acariciarme con mucho cariño el culo, “lo tienes como nunca te lo había puesto, rojo de verdad y está hirviendo, te voy a poner un poco de pomada y te lo voy a aliviar”, se levantó y volvió, me puse nuevamente encima suyo y me empezó a dar unos masajes con una pomada que me alivio mucho, yo me dejé hacer, seguí con mi polla a tope entre sus piernas.

Al rato me levanté y empecé a besarla como un loco, le di las gracias por la zurra recibida y nos fuimos a la cama, al cabo de un par de horas, nos dimos cuenta que eran casi las doce de la noche y aún no habíamos cenado nada, estábamos exhaustos y muy a gusto, no nos apeteció cenar nada, preparamos unos gin tonics y al rato, nuevamente, volvimos a hacer el amor.

 

Autor: Alex

*Nota Del Autor: Esta es una historia escrita en otra plataforma, pero al ser la primera que publiqué, he rectificado pequeños detalles.

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