EL PLACER DE LA CERA
Queremos tocar en esta ocasión una de las disciplinas que podemos denominar de temperatura, y donde también se puede encuadrar, por ejemplo, ya que han sido bastante las cartas y llamadas de consultas recibidas -ya tocamos este tema en nuestro número dos, pero muchos aún siguen temerosos de iniciarse pues lo han probado y el dolor les ha parecido excesivo-. Intentaremos despejar vuestras dudas, para que podáis incluir el uso de la cera caliente sin temor alguno.
En primer lugar no hay nada que temer si usamos la cera adecuada. Gotear cera de una vela es otro modo de producir una breve ducha de excitación sexual, tanto para la persona dominante como para la sumisa. El dolor es muy corto en duración y dispara sensaciones de placer, que pueden llegar incluso al orgasmo, sobre todo cuando esta se gotea en la zona genital.
La sensación de dolor viene y va en instantes, al igual que si se recibiesen pequeños pinchazos una y otra vez.
El dolor es de muy corta duración y muy asumible, siempre que, como hemos comentado antes, se utiliza la vela adecuada. Para los no iniciados, es prioritario utilizar velas con un punto de fusión a baja temperatura, como pueden ser esas velas gruesas que van recubiertas de un plástico, normalmente rojo (de las que se suelen ver, con frecuencia, en algunos pubs). Su punto de fusión es de una temperatura tan baja que incluso frotándola con los dedos es capaz de fundirse.
Para iniciarse y perder el miedo este tipo de velas son ideales, ya que el dolor es prácticamente nulo. Un poco más adelante podemos utilizar velas blancas (las corrientes) que, aunque si producen dolor, no llegan a quemar la piel. Estas mismas también las suelen vender de colores y crean mayores sensaciones visuales, por los efectos cromáticos sobre la piel. Auténticos maestros en el manejo de la acera y grandes aficionados son los japoneses.
Lo que no debes usar nunca son los costosos cirios de cera de abeja, ya que algunos se fabrican añadiéndoles aceites y estos sí pueden dejar marcas e incluso producir quemaduras.
También debemos jugar con la altura desde la que se vierte la cera caliente. Cuanto más, alta menos dolor, ya que la cera se va enfriando en la caída. También podemos verterla muy cerca de la piel, cuando el sumiso/a va adquiriendo un mayor nivel de resistencia.
Lógicamente, en la zona elegida puede ser más o menos sensible: pezones, muslos, pecho…
Otro placer añadido es el retirar la cera adherida a la piel, para la cual podemos optar por retirarla simplemente con las uñas o bien con la lengüeta de la fusta, siempre dependiendo del nivel del sumiso/a.
Hay algunas precauciones a tener en cuenta, como retirar todo el material o envoltorio metálico que presente la vela, para evitar que algún fragmento pueda caer sobre la piel, así como tener especial cuidado (en las citadas anteriormente con envoltura) y la llama no funda el plástico. Prestaba atención, igualmente, a que la llama no prenda el cabello del sumiso/a y, muy importante, no utilizar nunca la cera caliente sobre un sumiso/a que use geles corporales; algunos de estos contienen una base de alcohol o purpurina que puede ser muy inflamable.
Esperamos que estos consejos os ayuden a iniciaros en el apasionante y placentero mundo de la acera. Empezó con precaución y, como siempre aconsejamos, poco a poco. Os aseguramos que descubriréis un gran placer, que no dejaréis de incluir en vuestras próximas sesiones.
Artículo publicado en la entrega Nº 11 de la revista Sumissa