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CÓMO MI ESPOSA ME CONVIRTIÓ EN UN TRAVESTI

Cuando ella empezó con la rutina de pedirme sus vibradores, para mí era algo muy molesto ir a nuestro vestidor, tomar y elegir el vibrador que iba a utilizar esa noche (en ese entonces sólo tenía 5 modelos diferentes), llevar el lubricante y ante su presencia lubricarlo, era muy molesto y ella se daba cuenta… hasta que un día comenzó a decirme que sintiera la textura, la forma de la cabeza y las venas que simulaba el vibrador, su rutina fue tan insistente, que comencé a darme cuenta de cada textura y ella disfrutaba viendo como yo no suelo lubricaba sus vibradores, sino que aquellos se convertía en una masturbación. Y yo me sentía extraño ya que comenzaba a disfrutar de eso… ella inmediatamente se dio cuenta.

Ella, al darse cuenta de esto, comenzó a ponerme sus prendas femeninas y a depilarme mis nalgas, llegó a tal grado la manera en que mi esposa comenzaba a fajarme, que no me importaba en la absoluto que fueran sus calzones, y el día que se dio cuenta y me besó la rayita, fue tal mi calentura… que ya no podía dar marcha atrás. Ahí fue donde ella aprovechó y puso un DVD de travestis, y, desde ese día, se me antojo ser partícipe de una aventura así.

Por momentos, cuando no estaba con ella, no podía soportar la idea de lo que me hacía, pero por otro lado, me agradaba sentirme su puto. Esta contradicción en mí la supo manejar muy bien mi esposa. El día que se acostó por primera vez con un vibrador y me abrazó, supe dentro de mí que no faltaba mucho para que me hiciera su mujer. Si, me daba miedo y mucho, porque no sabía que camino llevaría entonces nuestra relación, sin embargo, era tanta mi calentura que seguí o, más bien, deje que siguiera.

Mientras tanto, en las mañanas en mi trabajo, cuando algún amigo o cliente contaba algún chiste de putos, yo ya no sabía cómo reaccionar. Recuerdo muy bien cómo, en una comida de trabajo, en una mesa cercana a la mía se encontraba una pareja de gays y, por supuesto, en mi mesa hacían más de un comentario sobre ellos… sin embargo, yo por dentro de mí, pensaba que ya era como ellos.

 

Cuando ella decidió que era el momento de penetrarme, yo la paré la primera vez, por el dolor que sentía. Esa fue la etapa más difícil de este proceso: dudaba de todo, ya no me sabía si era hombre o quería ser gay… fue cuando más confusión sentía en mí. Leí mucho, investigué en Internet y hasta fui a una cabina en un sex shop y vi películas de gays. Ahí fue cuando me di cuenta que los hombres ya comenzaban a traerme.

Y cuando ella no estaba en casa, yo aprovechaba: tomaba sus vibradores, que para entonces ya eran más de 10 y comenzaba a estimularme el ano, hasta que poco a poco fue cediendo, ya, con el tiempo, supe que eso coincidió con el tratamiento hormonal que Jaime les recetaba para mí. Ya en el trabajo no veía a mis compañeros como antes, recuerdo al auxiliar de contador, que era gay y que todo el mundo lo sabía, desde ese entonces lo llamaba muy seguido a mi despacho, con cualquier pretexto.

En nuestro viaje a Las Vegas fue cuando, por fin, entendí que mi esposa no me quería de gay, sino de travestido, y fue cuando más empecé a disfrutar de la ropa femenina y de la manera en que ella me trataba, ahí fue cuando dejé de sentirme su esposo y me convertí en su mejor amiga, hablamos de todo y fue una gran metamorfosis en mi vida.

Denisse y yo estamos convencidas, y lo hemos hablado hasta con nuestros amantes, de que todo hombre debe probar una verga y una buena cogida, mi esposa inclusive logró que Jaime se acostara con un hombre, y le encantó…

Es que ella, por su manera de ser y la forma que maneja las situaciones sexuales, pone la carne de gallina cualquiera.

Algunos pensarán como es que he dejado que una hembra así me ponga los cuernos, pero es que si no la dejase, ella saldría de mi vida y para mí es excitante verla como se prepara para follar con otro, y, en ocasiones, incluso ayudarla a salir de puta. Es fascinante, ¿no creen?

 

 

Relato escrito por Franco D. de Buenos Aires, Argentina y publicado en el Nº 190 de la Revista Tacones Altos. 

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