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TÉCNICAS DE AUTOBONDAGE

Dentro de nuestro particular viaje a través del bondage, hoy nos centraremos en un aspecto de él del que difícilmente se habla, incluso entre los ya iniciados.

 

Se quiera reconocer o no, alrededor del autobondage existen aún muchas sombras, y no acaba de ser bien visto, no deja de ser un tema tabú. No seré yo quien me ponga a discutir o tratar de averiguar las razones, y mucho menos, como pienso, porque de poco serviría. En cambio, prefiero compartir con vosotros el fruto de mi interés, que he tratado de ordenar con el fin de que sea este un artículo agradable de leer, útil e inspirador.

 

Todos tenemos una idea de qué puede significar esta palabra, pero como no estoy seguro de que tengamos la misma, propondré, sin otro ánimo que el de entendernos, una definición: el autobondage se puede describir como la disciplina consistente en aplicarse a uno mismo restricciones, o atarse, para buscar el placer erótico, de manera que uno mismo pueda liberarse pasado un tiempo, bien removiendo las ataduras simplemente, obteniendo lo necesario para hacerlo (porque en ese periodo de tiempo no estaba disponible).

 

Los métodos para liberarse pueden ser naturales o mecánicos y van desde lo más simple hasta lo más complejo e ingenioso, pero en todos los casos se debe perseguir la máxima seguridad.

 

Las razones que llevan a una persona a practicar el autobondage son variadas: desde la que se interesa por el bondage, pero no quiere ser sometida por nadie, pasando por la que no encuentra en quien confiar, o la que prefiere experimentar con la excitación de practicar a solas. También puede plantearse el autobondage como complemento a la vida sexual con la pareja, si esta es reacia probar nuestros juegos, o los repudia. En cualquier caso, lo verdaderamente importante es la fantasía que aún no le gustaría vivir, y planificarla al detalle.

 

Por tanto, la planificación es fundamental para garantizar un mínimo de seguridad y una sesión sistemática de autobondage hasta llegar a la liberación. Además, esta parte es una de las más divertidas, y forma parte del juego. La excitación que se experimenta os convencerá de esto. Las restricciones de las que hablamos son muchas: corsés, mordazas, vendas, collares, tacones altos, cinturones de castidad… Todos ellos nos impiden usar toda nuestra capacidad para hacer lo que sea, restringiéndonos el movimiento, parcial o totalmente, o limitando nuestros sentidos.

 

La sesión en sí puede transcurrir todo el tiempo tumbados, sentados, de pies incluso siendo capaces de andar. El bondage que nos autoimpongamos puede durar desde media hora, hasta días, dependiendo del nivel y del sistema de liberación planeado.

 

Quiero volver a insistir en la importancia de la planificación. No es exagerado decir que nos estamos jugando la vida, y de hecho, cientos de personas mueren en todo el mundo por alguna temeridad de la que se dieron cuenta demasiado tarde. Estamos asumiendo un riesgo, y es que en caso de que algo vaya mal (aunque sea que no podemos usar las manos porque se nos han quedado dormidas), no habrá nadie para ayudarnos. Por esto, todo riesgo tiene que estar bien medido y acotado y debemos prever lo que podemos hacer si nos ocurre hasta lo más improbable.

 

Como comprenderéis esta disciplina no está pensada para los que son estrictamente pesimistas, y si para los sensatos, previsores y prudentes, dispuestos a pasar tantos buenos ratos como les permita el cuerpo, su curiosidad y el deseo.

 

Otra cosa es que usemos el autobondage por imposición de nuestra pareja, que nos deja unas instrucciones muy precisas a seguir para cuando llegue. Pero hasta en ese caso, en el que será otra persona la que nos libere, deberemos tener en cuenta un sistema de emergencia, por si resulta que el nervio pellizcado por las esposas y nos está impidiendo disfrutar del momento (dolor antierótico), o por si nuestra pareja se retrasa más de lo previsto, o incluso no vuelve (accidente, despecho, qué más da, si nos hemos jugado la vida, y es demasiado tarde).

 

 

 

PREPARACIÓN DE LA SESIÓN

 

Ya hemos dicho que la mitad de la diversión está en la planificación. Tómate tu tiempo en implementar tu propio escenario de antemano. Esta planificación te servirá como lista de control sobre qué pasará, durante cuánto tiempo, cómo te liberarás y qué harás si algo sale mal.

 

Experimenta con distintos sistemas de retardo para liberarte, si es que los vas a usar y mide cuanto retardan, comprueba que son lo bastante fiables (dependiendo de si es un mecanismo primario de liberación -de emergencia -, o secundario -el que debería funcionar a la primera).

 

Asimismo, si tienes que usar unas tijeras o un cuchillo, verifica que son capaces de cortar la cuerda y que podrás usarlos con eficacia cuando estés en el aprieto en el que te vas a meter, es decir, acaso con los ojos vendados, amordazado, exhausto de cansancio y con las manos dormidas.

 

Lo mismo se puede decir de las llaves que deben abrir tus esposas, o el candado, y que las manejarás incluso con los guantes de ópera puestos. Y ten en cuenta que se pueden romper, si la situación llega a ser realmente forzada. Hay que ser especialmente prudentes en cuanto a la respiración.

Por descontado, nada de practicar la asfixia autoerótica, y mucho menos si no hay manera de relajar la presión de lo que nos oprime, en el supuesto de que perdamos el conocimiento. Así que mejor será evitar todo aquello que nos dificulte la respiración. Esto incluye el tener muy en cuenta cuerdas alrededor del cuello, mordazas, corsés, camas muy blandas, cojines y almohadas… Antes de que lo lamentamos con estertores. Digamos que las drogas y el alcohol no son los mejores complementos en una sesión de autobondage.

Imagínate que te encuentras en una situación apurada y la persona en la que confías no te responde a la contraseña, sólo a la droga que acaba de ingerir. Pues aquí eres tú el único que te puede liberar, en caso de que se ponga la cosa fea, por lo que más vale que conserves todas las facultades, de modo que realmente puedas confiar en ti. En vez de beber alcohol, bebe agua, sobre todo si la sesión va a ser larga. Te dará sed, y más si sudas, cómo es de esperar (¿no va uno a «mojarse», precisamente?)

En cualquier caso, en cualquier sitio, si te invade el pánico y te sientes inseguro respecto a si vas a salir de la situación en la que te has metido, respira una vez profundamente. Esto te calma un poco y te permite pensar un poco más claramente.

 

Pero siempre dependerás de tu capacidad de dominarte, por lo que te recomiendo que, si no eres muy disciplinado con tus pensamientos, no te aventures demasiado, no te pongas en aprietos auténticos. Deja siempre amplios márgenes de seguridad.

 

El disfrutar de emociones fuertes de este modo no te va a dejar buen sabor de boca (salvo el hecho de que lo puedas contar), pero seguro que no lo vuelves a intentar. Te lo digo desde la experiencia.

Es posible que, atado sobre el sofá o la cama, ruedes hasta el suelo para conseguir las llaves o el cuchillo, para soltarte. Unas llaves o un cuchillo que caen en la cama pueden parecer más fáciles de alcanzar, pero si estás todavía en ella, porque si has caído, tal vez no puedas alzarse lo bastante para cogerlas.

Presta atención a los detalles: el añadir tan solo una cuerda alrededor de tu rodillas puede significar la diferencia entre desplazarte con dificultad con el hog-tie, o no poderse mover en absoluto del sitio. Tenlo en cuenta, si tienes que ir a por una llave, que caerá aunque solo sea a medio metro.

 

Las esposas, que sean de calidad y reprochable, totalmente dignas de confianza, que se ajusten bien, y que dispongan de doble seguro (ese que evita que se muevan las manillas y se aprieten accidentalmente). Pero por muy buenas que sean, jamás deben ser usadas para una suspensión.

Incluso es desaconsejable que soporten tus muñecas la tensión resultante de unir las esposas directamente a los tobillos (el hog-tie). Sería preferible usar una correa en tu cintura, a la que fijar tanto tus tobillos como tus muñecas: el resultado será una postura igualmente confinante, más cómoda y más segura, cuando busques liberarte.

Las esposas de pulgares deben evitarse, son muy limitantes e incómodas. Si de todas maneras quieres usarlas, asegúrate de que la cerradura queda hacia afuera, porque te resultará literalmente imposible abrirlas en caso contrario, máxime si estás amordazado.

Usar más de un par de esposas puede ser bastante más peligroso de lo que pudiera parecer, incluso si son confortables, tienen la tendencia a cortar la circulación y a entumecerte los miembros con mucha facilidad. Y si usas unas esposas de pulgares combinadas con otras, será verdaderamente complicado que pueda salir de tu sesión sin ayuda.

Y en cuanto a las esposas sobre los codos, bueno será que las evites, porque en muy poco tiempo pueden pinzarte accidentalmente un nervio, al margen de que antes o después, te dormirán los brazos. Las esposas sin cadena, fijas, son bastante más difíciles de abrir, una vez puestas.

Y vale la advertencia de las de pulgares, que las cerraduras queden del lado de tus manos, porque de lo contrario, tendrás que pedir ayuda. Y recordemos que la idea global de todo esto es que lo más importante es la planificación. El éxito de la sesión depende de cuán bien la hayamos planeado.

 

 

MÉTODOS DE LIBERACIÓN

 

El sistema de varias maneras de evitar el acceso fácil a la llave o al cuchillo, cuando te has impuesto el bondage. En cualquier caso, vuelvo a insistir, debe ser comprobado el tiempo de retardo y la fiabilidad, y muy especialmente el sistema de emergencia.

 

1. La clásica llave congelada en un cubo de hielo. No podrá ser usada hasta que el hielo se haya derretido lo suficiente. Para que sea útil este método, el cubo de hielo debería tener un hilo (que notó que la llave, para que no se queden pegados) que evite que lo alcances y aceleres el proceso por tu cuenta. Quizá la única pega es que hay que ser cuidadoso, porque una llave sola es fácil de perder.

2. Un anillo de llaves, hielos, y una media, opanty. La media es rellenada con hielo (la cantidad dependerá del tiempo, pero acuérdate de verificar el tiempo, porque si dos hielos tardan dos horas, tres no tienen por qué tardar tres horas, seguro que tardan más), y la parte superior es atada al anillo de llaves. Ahora solo queda disponer todo esto fuera de nuestro alcance, de modo que cuando pase un tiempo, el peso del anillo haga caer la media (¡Asegúrate de que realmente caerá!)

Este método, como es obvio, está indicado para hacer caer todas las llaves que te liberarán, o casi todas. Por otra parte, supone una ventaja respecto al anterior, no da pistas de tus juegos secretos, cuando alguien abre el congelador.

 

3. Las llaves en un bloque grande de hielo. El bloque estará unido a ti, o cerca, a través de un hilo, no una cuerda. La idea es que no podrás acceder a la llave hasta que el hielo te permita tirar del hilo sin que se rompa. Es un buen método para subrayar el aspecto de la disciplina, pero no está en absoluto recomendado para jugar uno solo.

4. Oscuridad y candados de combinación. Se puede recurrir a un candado de combinación (de los de números, que se usan para las maletas o para las bicicletas), para atarte los tobillos, las muñecas, o algo fijo. Entonces, con un programador, se apagarán y encenderán las luces. Huelga decir que el candado será imposible de abrir sin luz y que no es compatible este método con las vendas en los ojos.

Es muy fiable, sobre todo si usas más de un programador y más de una lámpara, o si escoges el amanecer para liberarte. Desde luego, el sol ha demostrado serlo bastante fiable como para ser usado como sistema de emergencia (ver más abajo otros métodos).

5. Distancia, tiempo o exposición a la gente. Esto funciona para ítems de bondage que se pueden llevar bajo la ropa, o dicho de otro modo, sólo es para personas con buen sentido común. La llave puede estar situada bien lejos y deberás llegar a ella para soltar ese último candado, lo cual te supondrá una gran incomodidad, un notable es, o conducir o andar durante un largo rato.

Ejemplos: las llaves que bloquean y hacen irremovible el corsé que te pusiste el viernes por la noche están en tu escritorio, en la oficina en la que trabajas, que abrirá el lunes por la mañana, o la llave esta escondida detrás de algo, en una estantería de un almacén local.

También puedes enviarte por correo (preferiblemente, certificado) la llave a tu domicilio, la que te permitirá abrir tu cinturón de castidad y dependerás por completo de la eficacia del personal de Correos. La llave puede estar en tu buzón de correos, en el maletero del coche, o fijaba a una señal de STOP al final de la calle, lo que te forzará a esperar la oscuridad y que se despeje la zona para evitar ser visto, sobre todo si no puedes usar ropa y solo puedes cubrirte con poco más que toallas. Este método funciona mejor con mujeres: es más difícil que las detengan, en caso de ser descubiertas.

6. Relojes, programadores y aparatos electromagnéticos. Por ejemplo, la llave puede estar en una de las manillas de un reloj, fuera de tu alcance y no caerá hasta que el ángulo de la manecilla y la gravedad lo decidan. Habrá que ser cuidadosos, para que el reloj no se pare porque las manillas quedan bloqueadas por la llave.

O si tienes un despertador de los de cuerda, puedes fijar un trozo de cartulina rígida a la palomilla de la cuerda, de modo que sostenga la llave horizontalmente, y cuando suene la alarma, la haga caer, al girar el botón. También puedes disponer de un electroimán que deje caer la llave cuando el programador corte la corriente.

En cualquier caso y aunque preveas todo lo que puede fallar, dependes siempre de un mecanismo susceptible de ello (y algunos tienen la manía de fallar justo cuando más los necesitas)

 

7. Las llaves, traídas por un amigo o un conocido. Es un método bastante arriesgado, en el que te expones a un montón de variables que pueden impedir que la llave te llegue cuando debería llegar, lo que sin duda es bastante excitante. Efectivamente, la gracia está en que la persona no debe sospechar lo más mínimo del contenido de ese paquete que lleva.

También se te puede ocurrir pegar la llave a los bajos de un coche de tu vecino y esperar a que vuelva de su salida de los sábados por la noche.
Una noche se llegó a discutir en un chat una idea un tanto peregrina: fijar la llave al collar de tu gato (o tu perro), y confiar en sus costumbres y su fidelidad, para recuperarla, pero mucho ojo con los gatos, que pueden desaparecer por una semana sin previo aviso.

 

8. Una cartulina o un papel rígido. Este método consiste en disponer uno de estos objetos, con forma curvada, al otro lado de una puerta que te confina, de modo que la llave que necesitas para salir, al caer, se deslice por debajo de la puerta. Se da por sentado el que dispones de una ranura que te garantice, no solo que pase(n) la(s) llave(s), sino que puedas respirar.

9. Una llave encerada sobre una bombilla. La llave de las esposas puede quedar fijada en la parte superior de una bombilla, derritiendo cera sobre ella. Cuando se encienda la bombilla (con un temporizador), se volverá a derretir la acera dejando caer la llave. Pero asegúrate de que esto realmente sucederá (que la acera se derretirá, y que la llave caerá y no quedará en equilibrio). Y no te olvides de que el programador puede fallar, o la bombilla fundirse. No te lo juegues todo a una sola baza.

10. Otro método consiste en disponer la llave dentro de un rollo de esparadrapo o cinta adhesiva, después, dentro de unos pantys, con un par de vueltas. Después usas más cinta, lo metes todo en un tubo, lo metes en una caja de caudales… La idea es que llevar a la llave (que está disponible en todo momento) te llevará tiempo y esfuerzo.

Ahondando en esto, está la variante de que la llave también está siempre disponible, pero llegar a ella te causará dolor o incomodidad.
Es el momento de dar paso a vuestra imaginación (¡vamos, no lo voy a hacer yo todo!)

 

 

 

BREVES APUNTES SOBRE EMERGENCIAS

 

Uno de los métodos más fiables para ser usado en caso de extrema necesidad es este: dispones de un segundo juego de llaves, o un cuchillo, sujetos a un bidón de pintura o aceite (algo pesado), en una estantería, o en el baño. Puedes acceder a las llaves o el cuchillo tirando de una cuerda atada al bidón.

El caso es que siempre tendrás la seguridad de este sistema, pero conseguir tu liberación por este método conlleva un coste, un esfuerzo, tiempo, paciencia…

 

Otra posibilidad es quedar con un amigo en tu casa, de la que tiene llaves. En caso de que todo vaya bien, saldrás a recibirlo, de lo contrario, será el quién te libere. Como es natural, plantearse este método dependerá en gran medida de la relación que tengas, y en general, no es recomendable como un sistema primario para liberarse.

 

Puedes disponer de un segundo juego de llaves, con un sistema de retardo de los vistos arriba, pero programado para mucho más tarde. Esta es la secuencia o el camino más lógico. Pero recuerda que ha de ser muy seguro, o en casa contrario, deberás considerar aún otra ruta de escape.

Por último, siempre está la posibilidad de, usando marcación abreviada, tener el teléfono cerca para llamar a emergencias, por si las cosas se ponen realmente feas, es decir, no te encuentras ni con fuerzas de alcanzar el bidón de pintura, o tu amigo sufrió un accidente, o te han fallado todos los planes alternativos…

 

En cualquier caso, estos sistemas deberían estar ahí para darte la seguridad que necesitas para atraerte a pasártelo bien tú solo. Lo ideal es que nunca tuvieras que recurrir a ellos, como cuando te llevas en un botiquín a una excursión.

 

PARA FINALIZAR

Os deseo a todos que saquéis un buen provecho de estas líneas, durante todo el tiempo que os atraiga esta práctica, que igual es para siempre.

Esto es una visión que ha pretendido ser amplia, pero permite un acercamiento más exhaustivo, y discutir sobre él, y a esto os invito desde aquí. Recibir un cordial saludo, de un amigo.

Artículo publicado en el Nº 27 de la Revista Sumissa. Autor: Carlos J. Pérez (Torre del Mar)

 

Ilustraciones: Sergio Bleda

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