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EL FETICHE DE FUMAR PUROS: MASCULINIDAD, PODER Y DESEO

Es bastante común, cuando vas a un encuentro de hombres fetichistas del cuero, ver a algunos de ellos llevando en algún lugar —un bolsillo de la chaqueta, un accesorio especial para ello en el cinturón o la pierna— uno o más puros. Eso si no lo lleva encendido en la boca o sujetándolo en su mano enguantada.

 

La capnolagnia —del griego kapnos (humo) y lagneia (lujuria)— es el fetichismo sobre la atracción de fumar y/o ver fumar. Si bien se aplica a cualquier tipo de tabaco (cigarrillos, pipa, etc.) y en cualquier contexto (heterosexual, no necesariamente sexual, etc.) me voy a referir en este escrito estrictamente a la capnolagnia un poco en hombres gais en general, y un mucho en los fetichistas del cuero en particular.

 

El fetichismo del cuero se basa en la exaltación de la hipermasculinidad. Si esto es apropiacionismo, exageración o incluso parodia de esos machos a los que todos admiramos —vaqueros, policías, bomberos, moteros, militares (en general de cualquier colectivo/profesión que lleve botas altas)— lo dejamos para otro escrito. Lo que es cierto es que existen atributos —como el puro— que contribuyen a definir esta masculinidad aumentada. Y no es que el puro forme parte intrínseca de muchos de esos colectivos en concreto, pero sí que la forman de otros entornos donde tradicionalmente los hombres (y hasta hace poco solo los hombres) también tienen posiciones de poder. Políticos y líderes de estado; mafiosos, gangsters y el crimen organizado; o élites económicas y empresariales son generalmente representados fumando puros en el imaginario popular.

 

Estos grupos de hombres heterosexuales —porque políticos, mafiosos y empresarios de éxito son siempre hombres heterosexuales— representan el poder, el estatus, la dominación. Si bien es raro que se les represente follables, en todo producto de cultura popular —cine, cómics, novelas, humor gráfico— es más que común verlos con un puro en la boca o en la mano. Y no solo en la ficción para adultos. En producciones para jóvenes, donde el tabaco es prácticamente inexistente, los puros de Big Boss en la serie de videojuegos Metal Gear Solid o el capitán Smoker del manga One Piece, que se los fuma de dos en dos, son prueba de ello. Justo como a nuestros protagonistas de hoy. Hay honrosas excepciones —os recomiendo mucho la lectura de Gangsters Maricas: extravagancia y furia en el cine negro—, pero incluso en estos casos los estereotipos se cumplen a rajatabla.

 

El fetichismo del cuero tiene una gran carga estética, pero también simbólica, y por supuesto, performativa. Y el puro ayuda mucho en cada uno de los tres factores. Un hombre encuerado con un gran puro en su boca o mano impone, y, además, ocupa más espacio, tanto visual —a nadie le pasa desapercibido un gran falo con la punta incandescente, un humo que difumina y envuelve en un halo de misterio todo a su alrededor— como olfativo. Se les percibe en la distancia, e incluso si no están en tu campo de visión. Además, el fumar puros no está reservado, como podría parecer, a los Amos o dominantes, sino que esclavos y sumisos también lo consumen. Si bien hay rituales y prácticas diferentes, complementarias en muchos casos, especialmente cuando se unen fetichismo y BDSM, ambas partes de la relación lo pueden disfrutar por igual.

 

La literatura, tanto científica como divulgativa, sobre este tema es escandalosamente escasa. Aunque esto es algo normal si hablamos de fetichismo y más aún de fetichismos gais. Pero cobra sentido si se entiende que, si ser gay te obliga a estar encerrado en el armario —o dar el durísimo paso de salir de él—, ser fetichista es un armario en el armario. Y si además le sumas cualquier otro elemento —BDSM, bondage,
fisting, o, por supuesto, fumar puros— tienes una tercera puerta por abrir. Esto hace que, aunque sea una práctica más común de lo que la gente cree, se suele realizar, como todos los otros ejemplos anteriores, de puertas para adentro. Fumar no está tan bien visto como antes, y menos si tienes 30 años y entre manos un puro de cepo 70 —un diámetro de casi 3 cm, para los no entendidos—. No hay mucho interés por investigar sobre algo que es invisible a la sociedad normativa.

 

Así que es todo un lujo poder contar con la voz de varios hombres fumadores de puros que me han contado sus experiencias para ayudarnos a entender mejor este mundo. El puro es visto por todos como símbolo de poder e hipermasculinidad. Iván (Valencia, 30 años, Dominante) habla de él como “atributo de hipermasculinidad mediante el que se ejerce algún tipo de poder o dominación” y “lo asocio con la hipermasculinización, la disciplina y la presencia”. Para Toni (nombre ficticio, prefiere permanecer en el anonimato; Madrid, 25 años, Dominante) “genera una estética de masculinidad, poder y elegancia que me resulta atractiva”. Dani (Madrid, 27 años, sumiso) le ve “un punto de sumisión a personas que de por si me imponen por su inteligencia y su físico (leather, por ejemplo)”. Finalmente, Álex (Navarra, 37, sumiso) lo considera como “un elemento asociado al poder”.

 

Además, “los puros juegan un papel casi imprescindible a la hora de acentuar o incrementar nuestra idea de masculinidad para alcanzar la de hipermasculinidad. Son la guinda del pastel”. Sin embargo, no es una simple apropiación queer de símbolos heteronormativos de poder. Según Iván: “para exagerar, parodiar, apropiarse o ampliar la masculinidad clásica se requiere de un elemento claramente intencional y consciente. En general, diría que tiene una entidad propia”. Los demás lo reafirman. Álex nos cuenta: “dentro del imaginario fetichista homosexual nos hemos ido apropiando de diferentes elementos para crear nuestra idea propia de masculinidad y los puros forman parte de esa construcción”; Dani: “diría que es una ampliación clásica de la norma”; y Toni: “yo creo que sí nace, más que de una apropiación o una parodia, de esa búsqueda de la performatividad de la masculinidad. Cuando se quiere resultar atractivo, especialmente en el mundo fetish, el dominante tiende a actuar como una
persona fuerte y masculina, aunque él no sea necesariamente así fuera del rol”.

 

 

Esto último es importante, y es que el fumar puros, especialmente encuerados, se puede ver como un acto performativo de autoridad. Álex lo ve así y Dani lo refuerza: “es un juego de poder que alguien ejerce en la sala. Hay un intercambio de poderes, y más con la heteronormatividad, ya que está asociado a lo extremadamente masculino. Pero que cada vez creo que se difumina esa figura”. Sin embargo, Toni no considera “el tabaco del todo heteronormativo… veo más lógica la asociación a la masculinidad que a la heteronormatividad”. Iván añade: “Depende del contexto y, sobre todo, de quienes lo practican en un momento determinado. En el mundo fetish los puros pueden leerse desde cierta ridiculización placentera de la heteronorma.”, pero también “en ocasiones, es precisamente lo contrario: una reafirmación y socialización de la heteronorma y el machismo que pervive más allá del fetiche.”

Una vez disociado de su origen, y siendo apropiado y reinterpretado para generar una nueva masculinidad gay, se puede adoptar desde, al menos, tres aspectos: estético, sensorial o sexual. Para Iván “es difícil optar por unas u otras representaciones, pues estas aparecen discriminativamente en según qué situaciones y contextos”. Dani lo considera estético-sexual: “el acto de fumar, el aroma y el humo. Si tuviera que
elegir uno, sobre todo el humo”, igual que Álex: “potencia la imagen de poder, dominación e incluso de misterio que proyecta un leather máster. Ayudan a generar una imagen a la que es difícil no someterse”. Sin embargo, esto no tiene por qué ser una constante. Toni prefiere “la idea de una persona que, mientras está estudiando, o trabajando desde casa, o cualquier acto más rutinario, se fuma un puro, que la de hacerlo durante una situación más sexual.”

 

No obstante, como se comentaba anteriormente, se puede disfrutar desde muchas perspectivas. Para Iván, se puede utilizar como instrumento BDSM para obligar —forced smoking— a fumar o respirar su humo a quien generalmente no lo hace, o para infligir quemaduras; Según Álex para dejarse llevar por tu Dominante, sentirse inferior a él o por el simple hecho de su visión: “ponerme brutísimo. Sólo con la visión del otro me pierde”. Pero también se pueden igualar, e incluso invertir los roles cuando hablamos de disfrutar de un buen puro: “algo más tipo colegueo, el poder ver en el espejo la imagen de los dos tíos con sus uniformes de cuero y sus puros encendidos es algo que me vuela la cabeza.”; Iván puntualiza: “disfruto tanto un rol como el otro, aunque habitualmente prefiero el rol dominante o de amo”. Para Toni incluso puede ser atractivo en otros entornos “completamente desligada del sexo”. Nada debe impedirte, y, sobre todo, condicionarte, a la hora de disfrutar de este fetichismo.

Me gustaría centrarme más específicamente en su uso como instrumento BDSM. Aquí nos encontramos con una gran diversidad de prácticas. Ya nos avanzaba Iván que sirve para forzar a fumar al otro, y añade, “el ashtray play convierte en ceniceros humanos a quienes asumen roles sumisos y se ven forzados a llevar gags —mordaza con un cenicero acoplado— o, directamente, a recibir la ceniza de los puros [en la lengua] y, también, a tragarla como forma de humillación y asco”. Esto nos lo refuerzan los roles sumisos como Dani, que le gusta estar “con alguien más que me incitara a terminar [de fumar un puro entero]. Lo que más me gusta es la “modificación forzosa de comportamiento de obligar al sumiso a ser adicto a los puros”. Álex nos amplía que “el riesgo a las quemaduras —o quemaduras intencionadas—, el intercambio de humo, la sensación del calor en ciertas partes del cuerpo, los besos humeantes…” y Toni comenta: “obligar a fumar, echar el humo en la cara, a veces usando máscaras de gas. También en sesiones más fuertes se puede usar la ceniza para quemar o incluso echarla en la boca”.

 

 

Aunque el ritual puede variar también mucho. Para Iván “Cuando el ritual es parte integrante del fetiche, particularmente dominación-sumisión, (lo que no ocurre siempre ni mucho menos), es habitual que el sumiso prepare el puro. Es decir, lo presente, lo corte y lo encienda. Por otro lado, para Toni  “simplemente consiste en encenderlo (bien), fumarlo y hasta que me canse, me dé por satisfecho o se acabe el puro». Queda claro que cada elemento del puro —calor, humo, ceniza— se puede usar para diferentes juegos. Y es que el puro tiene unos elementos definitorios que lo hacen único. Para Iván “en términos generales, cualquier puro sirve a partir de un cepo 48/50. Los más habituales, sin embargo, son los cepos 58 a 70”, aunque “no existen características necesarias en lo que a tamaño, aroma o procedencia del puro se refiere”. Álex nos lo confirma “suelo recurrir a puros de un tamaño que oscila entre el 7×70 y el 8×80 (longitud y cepo), y son los que me gusta ver en boca de mis compañeros”. Por su parte, Toni va más allá, y nos da más detalles: “a mí me llama más la atención un puro que tenga una superficie lisa y este cuidado, que no uno que pueda ser artesanal, pero tenga una superficie más rugosa (aunque muchas veces son mejores). Que sean de un grosor constante; los abombados o los trenzados no me llaman mucho. Y, evidentemente el ancho, un puro muy fino no resulta llamativo para mí. Uno ancho o grande, que genere un humo denso me parece mucho más llamativo. Es importante que se fume bien, me pierde el atractivo la gente que fuma un puro como si fuera un cigarrillo”. Aunque lo importante, como todo fetichismo, es dejarse llevar y aprender. “Al ser novato, sigo más las recomendaciones que me envían otros fumadores. Aun así, diría que el tiro, sabor y humo”, comenta Dani.

 

Y es que los fetiches se disfrutan más en comunidad. Iván nos cuenta que “es un fetichismo mucho más común de lo que se puede pensar a primera vista”. Aunque la comunidad leather es quizá la más visible, “existe, y bastante extensa, una comunidad de fetichistas de los puros y de fumar en general”. Los portales —realkink.net, hotcigarmen.net, mokinmen.com o realmensmoke.bdsmlr.com— así lo atestiguan. “Es un fetiche bastante común pero poco exteriorizado”. El mismo Iván nos muestra las posibles causas: “es el fetiche del triple tabú: tabú por fetiche, tabú por fumar y tabú por fumar específicamente puros. Eso genera que muchas de las personas fetichistas de puros lo lleven dentro del armario —humidor, diríamos aquí—”. Esto hace que las personas que llevan poco tiempo —como Dani— o no están en los circuitos fetichistas —como Toni — no reconozcan el tamaño de la comunidad “sí hay una comunidad, lo que no sé si será muy grande”.

Lo importante aquí es saber que sí es una comunidad muy unida y dispuesta a colaborar. Álex nos lo cuenta: “Cuando comencé a interesarme por el tema tuve que ponerme en contacto con otros hombres para preguntar sobre marcas, tiendas y otras cuestiones. Ahora, de vez en cuando, soy yo el que responde las dudas a nuevos interesados”. Iván va más allá: “además de compartir sexo, sexting y pajas, presencial o virtualmente, hablamos de nuestras preferencias y conocimientos sobre los puros. Por ejemplo, nos recomendamos determinadas vitolas en función de qué buscamos: puros más grandes o más pequeños, más suaves o más fuertes, etc. Compartimos dónde poder encontrar este o aquel determinado puro o hacemos recados cuando alguien tiene dificultad para encontrar en su ciudad o pueblo una buena cava donde comprarlos. También nos animamos a fumar puros, damos cuenta de los que hemos fumado recientemente y expresamos si nos han gustado o no; y, por su puesto, promovemos relatos conversacionales eróticos”. Evidentemente, también se puede llevar de manera más acotada, como nos comenta Toni: “me limito a hablarlo con 2 o 3 personas, simplemente comparto con ellos, y viceversa, qué puros hemos fumado, cuándo, cómo te hace sentir, si te ves mejor o peor, recomendaciones…”

Todos coinciden que es importante aprender. Toni nos avisa: “no cualquier puro es de calidad y puede pasar como cuento yo, empezar con un puro que sea una mala experiencia”. E Iván lo corrobora: “es importante la socialización con otras personas con experiencia, que te explican y enseñan cómo se fuma un puro —lo cual puede ser realmente erótico—”, también “acudir a internet es idóneo, especialmente cuando no tienes acceso a redes interpersonales en la que poder aprender y compartir con seguridad”.

Tanto Dani como Álex opinan igual, y es que estar físicamente cerca de una comunidad fetichista no está al alcance de todos: “aprendí con vídeos de YouTube y consejos de influencers”, “internet fue fundamental a la hora de descubrir o redescub

rir este fetiche y encontrar aquellos referentes a los que quería parecerme o con los que poder llegar a alternar algún día”.

 

Otro tema interesante es cómo se percibe desde fuera, sobre todo teniendo en cuenta que nuestros cuatro entrevistados son muy jóvenes. Aunque todos los fetiches, en general, son tabú, fumar puros en concreto Iván nos responde que “en ambientes ajenos se asocia con la vejez. Si ya nos metemos en el tamaño, resulta impactante a ojos profanos ver a un joven de 30 años fumarse un puro como un brazo”. Lo confirma Dani: “lo ven como algo raro, extraño para gente joven porque está también vinculado con gente mayor” o “hay una percepción social relacionada con la edad. El puro parece que se ha generado alrededor de un estereotipo de ‘es para ricos de más de 50 años’”. A partir de aquí cambia mucho según la experiencia personal. Para Iván: “nunca he tenido dificultades para fumar puros en público, incluso en contextos no sexualizados en absoluto. Impacta, pero tampoco es problemático”. Sin embargo, para Toni: “sigo sin ser capaz de fumar delante de casi nadie, ni siquiera decir que de vez en cuando fumo un puro, parece que hace falta una edad mínima para poder fumar puros —pasada la mayoría de edad me refiero—, y creo que es un miedo o una vergüenza que todos los que empezaron antes de los 30 han tenido”.

Para acabar la entrevista, nos dan unos últimos apuntes. Según Iván: “este fetiche es tan amplio que merece la pena no querer encasillarlo en las ideas preconcebidas que, incluso quienes lo practican, ofrecen”. Finalmente, Toni nos recomienda: “no es necesario ser fumador para poder disfrutar de este fetiche. [Si] tu deseo está pudiendo con tu lógica, que sepas que puedes hasta disfrutarlo sin necesidad de dar ni una calada.”

Despedimos a nuestros invitados dándoles las gracias por su generosidad y tiempo compartiendo sus experiencias.

Por mi parte, quería añadir unos últimos comentarios. Si bien los entrevistados hablaron de ello durante la conversación, hay dos temas que explícitamente no he incluido aquí. Por un lado, es cómo se llega a este fetiche. Como cualquier otro fetiche, considero que su descubrimiento y adopción es un tema complejo y que excede de la intención de este escrito. Por otro lado, también durante la conversación se trató el tema del riesgo para la salud que conlleva esta práctica. Sin embargo, cualquier práctica BDSM tiene asociado, en mayor o menor grado, un riesgo para la salud si no se realiza con conocimiento y técnica, por lo que he considerado que no hacía falta insistir en esta cuestión.

Lo que queda claro tras hablar con nuestros amigos, es que fumar puros es un fetiche —y una práctica— que puede dar mucho juego y placer a quienes lo disfrutan.

También quisiera dar las gracias a las personas que amablemente nos han cedido imágenes para ilustrar el artículo. Además de los entrevistados Hajimetengoku, Itscumaboy e Ivangemuh, muchas gracias también a bearlthr y tomoffrance.

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