LAS NOCHES DEL ÁNGEL AZUL
Ambientada en la antigua capital alemana, a finales de los locos años veinte, Las noches del Ángel azul -originalmente titulada El jardín del placer– narra, en clave de comedia, las aventuras de un joven rico y decadente, voluntariamente entregado a la desaforada búsqueda de cualquier forma de placer.
En su frenético recorrido, el joven Manfred se encontrará -o, mejor, se acostará- con diversos personajes, a cuál más atractivo y sugerente, y frecuentará «con el ánimo dispuesto», un conjunto de universos dulcemente perversos; desde el excitante burdel de madame Filipov, cargado de fetichismo y sensualidad, hasta las sesiones pornográficas de su amigo Wolfgang. Jugará los juegos sadomasoquistas de la atractiva Magda Nebel y se enamorará de la provocativa ambigüedad de Jenny Montrose. En el camino del joven Manfred se cruzan personajes entrañables (la vieja prostituta) y divertidos (el travesti y su hermana). Y ese recorrido por los bajos fondos y por los salones aristocráticos, ese viaje regado con alcohol, estimulado con sexo y hasta adormecido con opio, es ausencia de sentimientos culpables -aún dentro de la, en apariencia, depravación más absoluta- hacen, de las noches del Ángel azul, una novela divertida y deliciosamente excitante.
Y aquí tendría que terminar todo pero esa manía de sublimar los textos eróticos, atribuyéndoles otros valores al margen de su calidad literaria y de su poder de seducción, lleva a los editores de la obra a incluir un innecesario prólogo de Egon Hass, en el que no falta absolutamente de nada «la corrupción sexual destructora de los valores sociales», «los círculos depravados del infierno donde germinó la maligna semilla de Adolf Hitler» o «el símbolo de una nueva amenaza, el autoritarismo emergente del nacionalsocialismo» (en relación a Magda Nebel, el personaje sadomasoquista).
Posiblemente, Las noches del Ángel azul es un acertado retrato de una época y de cierta sociedad, fue pero ni aun así se justifica la publicación de ese prólogo; sobre todo y especialmente, pues una buena cuando está fechado en 1985 y ese Berlín, que para Haas ha desaparecido definitivamente de la faz de la tierra, emerge de nuevo con renovado vigor.
Autor: Margarete Von Falkensee.