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SIRVIENDO EN EL REINO DE LADY MONIQUE

Hace un año escribía sobre el privilegio de poder conversar con la Señora Lady Monique. A partir de diferentes encuentros, que se remontan a antes de la pandemia, he tenido el honor de poder estar ante ella. Del año anterior, escribía, me quedó la hermosa impresión de ver a esclavos en su Reino simplemente como lo que son: desnudos, collar y CB. Han sido muchos los días en que deseé ser uno más marcado de ese modo, uno más como esclavo del Reino atento a los requerimientos en los que pudiera ser útil.
Soñar es fácil, pero también marca un camino, un deseo. Desde que tuve esa última conversación pude intercambiar mensajes con la Señora y conversar sobre diferentes temas. Hace poco se dio, nuevamente, la posibilidad de acercarme a las costas catalanas y se abría una nueva oportunidad, esto es, el sueño de volver a estar ante Ella como un esclavo más del Reino.
Lady Monique fijó un día y una hora. Me dijo que habría más gente en el Reino. Lo comentó agregando que así sería más divertido volvernos a encontrar. Cabe decir que antes de salir de viaje, por indicación de una distinguida Ama argentina, Domina Carol, le compré a la Señora Lady Monique un rebenque de regalo. Un rebenque es un látigo plano que usaban los gauchos tradicionales.
Llegó el día y la hora estipuladas y llamé a la puerta del Reino. Si bien escuchaba voces en el patio no acudieron a abrir enseguida. Revisé la hora para no estar ni adelantado ni atrasado. Hace unos años cometí el error de llegar antes de hora y es algo que no gusta nada a la Señora Lady Monique. Finalmente escuché pasos acercarse a la puerta y me recibió Ella.
Aunque era tarde, las personas en la casa y el jardín se estaban preparando para comer. En seguida me ofrecí para poner la mesa. La preparamos afuera. Estaban Lady Monique y otra Ama a quién conocía de un portal BDSM.  También estaba una sumisa cross y un esclavo que reconocí del año anterior. Era uno de los que había visto desnudo, collar y CB. En esta ocasión llevaba unos shorts. La vestimenta era la de un día veraniego en la que se comparte una comida informal en el jardín.
Durante la comida, a la que me sumé solo tomando algo, se estuvo charlando de diferentes temas. Se veía que había aprecio y amistad acumulada. El peso del tiempo dando sentido al estar con el otro. Tanto si el tema tocaba el BDSM como si tocaba lo social o político, la conversación era muy rica. Cuando terminaron de comer fuimos los esclavos los que, evidentemente, retiramos la mesa.
De vuelta en la mesa, seguimos conversando. En un momento dado la Señora Lady Monique se había retirado y, al volver, me interrumpió enseñándome una bolsita de plástico. En ella había un dispositivo CB negro. Me miró sonriendo diciéndome que no se olvidaba de los sueños de los esclavos. Me lo dio para que me lo fuera a colocar y luego volviera.
Mi torpeza era manifiesta y tanto la otra Ama como Lady Monique se dieron cuenta de ello y me indicaron cómo debía colocármelo. También me enseñaron cómo funcionaba la llave. Fue humillante mostrar esa torpeza ante el otro esclavo que, esta vez ya sí, estaba desnudo luciendo su CB de metal. La Señora Lady Monique me lo mostró, como quien muestra un material, haciéndole levantar. Luego -—esta vez sí— me ordenó que me fuera, me lo colocase y que, al volver, me arrodillara para entregarle la llave.
En el baño intenté colocármelo tal como me habían indicado. No encontraba el modo de hacer pasar el anillo pero, al mismo tiempo, era consciente de que no podía volver al jardín sin el dispositivo. Después de intentarlo de diferentes modos lo conseguí. Seguidamente encajé la jaula en mi pene y coloqué el cerrojo con la llave. Una emoción me llenó de orgullo. El espejo me devolvió la imagen de un esclavo.
Salí al jardín desnudo con el dispositivo colocado. Justo en ese momento no estaba la Señora Lady Monique. La otra Ama y los esclavos se exclamaron de un error: me presentaba sin mi zona genital depilada. Me quedé desconcertado pero se notaba que disfrutaban de mi turbación. Cuando llegó la Señora Lady Monique me arrodillé y le entregué la llave. La recibió satisfecha más allá de la mueca por la no depilación. Una satisfacción que denotaba el placer de que un esclavo cumpliera y, al mismo tiempo, se le viera feliz por vivir un sueño.
Estuvimos el grupo charlando animadamente mientras la Señora, en algunos momentos, me hacía colocarme de rodillas y besar o lamer sus pies. Jugaba con mi condición de inferior a lo que respondía muy agradecido. Era un esclavo más del Reino, un esclavo atento y servicial.
En un momento dado le pedí si podía hablar. Me arrodillé y le comenté que le traía un regalo. Le pregunté si me permitía ir a buscarlo. Ella accedió con curiosidad. Le comenté que me había ayudado en la elección la Señora Dómina Carol. Fui donde tenía mi bolsa y regresé con el rebenque debidamente envuelto. Me arrodillé ofreciéndole el regalo. La Señora Lady Monique lo recibió complacida y lo abrió.
¡Qué linda expresión cuando lo vio! Ella tiene vínculos muy fuertes con la Argentina y le gustó mucho. Claramente lo reconoció en el acto. La otra Ama y los esclavos también expresaron admiración sin regatear elogios y advertencias. Es un látigo que mantiene el dolor. La Señora Lady Monique dispuso que lo estrenaría conmigo a lo que no pude más que agradecer. Indicó que lo haríamos en el interior de la casa en una de las mazmorras equipadas con las que cuenta.
Me levanté y me dispuse a ir hacia el interior cuando la otra Ama gritó que adónde iba primero. Otro error imperdonable de principiante. Me avergoncé de no haber interiorizado, después de tantos años, que la Ama siempre va primero y el esclavo detrás. Me sentí humillado ante la Señora, la otra Ama y los otros esclavos al mostrar un error de este calibre. Con la cabeza baja me quedé en posición hasta que la Señora Lady Monique empezó camino siguiéndola con las manos detrás y la cabeza baja. En este punto sí que la estampa —la imagen que probablemente vieron los otros y que me gustaría retener en mi cabeza— era la de un esclavo siguiendo a una Gran Señora.
Entramos en una de las mazmorras y la Señora me colocó un collar. Esta vez sí me anticipé y me arrodillé para recibirlo. Agradecí antes y después besando los pies de la Señora. Una vez con el collar, me colocó sobre un Rac —una camilla con cadenas para manos y pies que estiran al esclavo con una jaula debajo— para recibir los azotes. Me colocó en posición, piernas bien abiertas, pecho sobre la camilla, brazos hacia adelante, bien estirados.
La Señora empezó por calentar mis nalgas con sus manos, azotes precisos a los que sumó la fusta. Agradecí cada azote siendo consciente de lo afortunado que estaba siendo. Más tarde usó un látigo de nueve colas que caía sobre mis nalgas con un ruido característico. Cabe decir que no he sido azotado muy a menudo y que no soy consciente de mi aguante. La Señora estaba testeando al esclavo y se notaba que no quería ir más allá. Sin duda, si hubiera sido una propiedad plena suya – como me dijo al final – la intensidad habría sido mucho más alta.
Finalmente la señora estrenó su nuevo rebenque. Realmente genera un dolor que permanece más que los otros instrumentos. La Señora subió la intensidad para darle un buen inicio y lo agradecí en cada uno de los golpes. Mis nalgas estaban enrojecidas y el ardor se trasmitía a sus manos. La Señora me comentó el calor que irradiaban. Era, en ese momento, el esclavo más feliz del mundo. Llevaba el collar, el CB y acababa de ser azotado por la Señora Lady Monique en persona en su Reino.
En un guiño inesperado, me indicó que me colocara sobre el Rac atando mis pies y mis manos con grilletes. Estaba bien estirado. Seguidamente colocó un antifaz opaco en mis ojos y me dejó un rato en esta posición. A su vuelta sentía que jugaba con mis pezones y que recorría mi cuerpo inmovilizado. En unos movimientos rápidos y ágiles, denotando dominio, sentí una llave girar y desarmar el dispositivo de mis genitales. Seguidamente un brunzido se aplicó a mi pene despertándolo del encierro. Lo que viene a continuación es la liberación física y mental de un esclavo. Sólo cuando Ella lo autorizó me permitió vaciarme como ofrenda de agradecimiento.
Pasados unos minutos de recuperación y de poder expresar mi agradecimiento, me liberó permitiendo que uno de los esclavos entrara al lugar. Le mostró lo bonito que era el collar, el cual —así lo expresó la Señora— lo estaba estrenando en mi cuello. Ser exhibido sin pudor por la Señora añadió fuerza y sentido a mi condición de inferior. Una palabras en el oído me indicaron, susurrando, que fuera a buscar mi ropa, «…que la carroza pronto se iba a convertir en calabaza de nuevo».
Me despedí de los presentes muy agradecido por el tiempo y la experiencia compartida. Conversación y compañía muy agradable. Bese devotamente los pies de la Señora y nos deseamos suerte en todo lo que venga.
Quiero agradecer públicamente a la Señora Nefer, a la sumisa carlita y al esclavo pep por su cálida compañía. A la Señora Dómina Carol de Argentina por sus ánimos y por las indicaciones que me dio.  A la Señora Lady Monique de Nemours por su magnificencia y generosidad y por permitir que ocurran estas cosas en su Reino. Escribo este texto en su honor.
Autor: esclavo pedro
Ilustración: Sergio Bleda

Comentarios

  • carlitaLM
    06/10/2025

    Gracias a ti por el escrito

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